LA «GUERRA CONTRA LAS DROGAS» DE EEUU SIEMPRE FUE UNA MENTIRA

 LA «GUERRA CONTRA LAS DROGAS» DE EEUU SIEMPRE FUE UNA MENTIRA

Momentos donde el expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández es detenido por la Policía Nacional de Honduras por su vínculo con el narcotráfico. 23 de abril 2022.

Por Juan Fran Torres, periodista especializado en DDHH y Estudios Internacionales.

Santiago de Chile, 3 de diciembre de 2025. Por años, se nos repitió un dogma como si fuera verdad absoluta: «La guerra contra las drogas era una cruzada moral». Estados Unidos, convertido en policía del mundo, castigaba, invadía, sancionaba y juzgaba a nombre de la legalidad internacional. Pero hoy, la realidad golpea sin anestesia, esa guerra nunca fue ética, nunca fue justa y nunca fue verdadera.

El anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump de indultar al exmandatario hondureño, Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico no es un simple escándalo judicial, es la confirmación histórica de una farsa global. Cuando el mayor promotor del discurso antidroga decide perdonar a un criminal por conveniencia política, el relato entero se derrumba. No hablamos de un error administrativo ni de una excepción. Hablamos de hipocresía de Estado.

Momentos donde el expresidente hondureño, Juan O. Hernández es detenido por la Policía Nacional por su vínculo con el narcotráfico. 23 Abril de 2022.

Durante décadas, América Latina cargó con muerte, violencia y desestabilización bajo una guerra supuestamente dirigida contra el narcotráfico. Se militarizaron barrios, se destruyeron economías locales, se persiguieron dirigentes sociales y se justificaron dictaduras en nombre de una supuesta lucha contra el mal. Pero mientras tanto, los verdaderos capos, los de cuello blanco se movían entre bancos, agencias de inteligencia y estructuras políticas.

La droga no viaja sola. No cruza fronteras por voluntad propia, viaja con protección. Viaja con complicidad, viaja con permisos invisibles otorgados desde el poder. Cuando un Estado protege a un criminal por razones estratégicas, deja de ser Estado de derecho y se convierte en Estado mafioso, eso es lo que representa el gobierno de Estados Unidos a la cabeza de Donald Trump, un Estado mafioso que protege a los criminales, narcotraficantes y a los corruptos.

Lo que vivimos no es una decadencia moral espontánea, que se impulsa desde el Norte. Es una descomposición dirigida, una estructura diseñada para enriquecer a pocos y empobrecer a muchos. Los sueldos obscenos, los privilegios blindados, la impunidad selectiva y los pactos inconfesables con el narcotráfico no son desviaciones del sistema, son la esencia de quiénes dirigen la Casa Blanca.

La hipocresía de Washington ha alcanzado niveles obscenos. Mientras desde Estados Unidos se intenta instalar una narrativa falsa y sin pruebas con el grotesco calificativo de “narcoterrorista” contra el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, al mismo tiempo indulta al expresidente de Honduras, condenado por narcotráfico en tribunales estadounidenses.

Momentos donde el expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández es detenido por la Policía Nacional de Honduras por su vínculo con el narcotráfico. 23 de abril 2022.

El Presidente estadounidense, Donald Trump ha decidido indultar o favorecer judicialmente al exmandatario hondureño, Juan Orlando Hernández, condenado por utilizar el poder del Estado para convertir a Honduras en un gigantesco corredor de drogas hacia Norteamérica.

Juan Orlando Hernández fue procesado por haber facilitado el tráfico de más de 400 toneladas de cocaína hacia Estados Unidos, utilizando infraestructura estatal, fuerzas de seguridad, rutas aéreas clandestinas y puertos oficiales. Su gobierno no combatió al narcotráfico: lo administró.

Juan Orlando Hernández colaboró directamente con el Cártel de Sinaloa y sostuvo vínculos con Joaquín «El Chapo» Guzmán, permitiendo no solo el tráfico de droga, sino el envío de armamento y estructuras criminales al territorio norteamericano. Honduras mientras gobernó Juan Orlando Hernández sirvió al crimen organizado como plataforma logística. Ese es el criminal que Donald Trump y la Casa Blanca decidió perdonar.

Momentos donde el expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández es detenido por la Policía Nacional de Honduras por su vínculo con el narcotráfico. 23 de abril 2022.

Mientras tanto, Nicolás Maduro cuyo gobierno jamás ha sido condenado por narcotráfico en ninguna corte internacional, es acusado sin juicio, sin sentencia y sin pruebas alguna, bajo una narrativa falsa, construida mediática y políticamente para intervenir militarmente a Venezuela y apropiarse de sus recursos naturales. La llamada “Guerra contra las Drogas” fue siempre una operación geopolítica disfrazada de cruzada moral. Un instrumento para castigar a gobiernos soberanos, intervenir países rebeldes, someter regiones estratégicas y proteger aliados corruptos. Hoy esa mentira ha quedado al descubierto.

Washington no combate narcotraficantes, los clasifica según conveniencia e intereses. No persigue delitos, persigue proyectos políticos soberanos. No administra justicia, administra poder. Cuando la Casa Blanca encarcela enemigos y libera aliados narcotraficantes, ya no hablamos de política exterior, hablamos de hipocresía sistemática. La diferencia entre Nicolás Maduro y Juan Orlando Hernández es simple: Uno gobierna sin arrodillarse a Washington. El otro convirtió su país en una bodega de cocaína al servicio de Estados Unidos.

Por eso uno es perseguido y el otro es liberado. Esta no es la lucha contra las drogas, es la lucha contra la soberanía. No es justicia internacional, es terrorismo mediático. No es legalidad, es dominación y mientras se criminaliza a gobiernos incómodos, los verdaderos responsables del narcotráfico internacional son amnistiados con cinismo presidencial. Hoy queda demostrado lo que durante años fue negado: La droga nunca fue el enemigo, el enemigo fue siempre la independencia y la soberanía.

La llamada “guerra contra las drogas” fue en realidad una guerra contra los pueblos libres, contra los barrios pobres, contra la soberanía y contra los gobiernos incómodos que no se arrodillan a los intereses de Washington.

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