Crisis en la derecha clásica y ortodoxa

Ahora que se encuentra en un mal momento, ¿qué hará esta derecha política hoy dividida y en baja?

Arturo Alejandro Muñoz

Pocas opciones le quedan a una derecha en problemas. En este gobierno de un “compañero de ruta” que sin embargo no es su líder, RN y UDI observan con pánico (calladamente, por cierto), cómo se va deshilachando su proyecto de país y su otrora soberbia postura de políticos dominadores.

Lo que en un comienzo pareció ser sólo una leve fisura (una discrepancia menor respecto de un par de asuntos), fue transformándose en grieta luego del escandaloso rodeo que los principales dirigentes de la UDI -y varios de RN dieron respecto –durante meses- de lo que una vez firmaron teniendo al país como testigo. Le llamaron “Acuerdo por la Paz”, e incluso deslizaron que había “amenazas externas” (¿las fuerzas armadas?)  si ese documento no era protocolizado –antes de 48 horas- por las directivas de los dos grandes bloques de la política nacional: Chile Vamos y Nueva Mayoría, incluyendo al Frente Amplio a través de un titubeante Gabriel Boric. Ello ocurrió en una larguísima y tensa noche en noviembre del año 2019 mientras las calles estaban abarrotadas de chilenos hartos de tanta corrupción y mentiras oficiales.

Algunas semanas más tarde, una vez que el gran susto de las cofradías políticas por sentir que estaban en franco deterioro ante un país en pie de protesta, algunos de los mismos que aquella noche habían pontificado sobre su absoluto amor a la democracia y a los acuerdos firmados, comenzaron a recular sin siquiera ponerse rosaditos de vergüenza.

La gente de RN y de UDI entendió que la gran mayoría del electorado no les sería favorable en la próxima elección presidencial, Y así aconteció. Entonces, para no perder todos los huevos ni todas las canastas, UDI y RN apostaron por apoyar a un “aliado” que no coincidía con sus postulados en lo esencial, pero que sería un perdedor electoral ‘ajeno’ a ellos.

Ese ‘aliado’ creció durante el gobierno de Boric, y lo hizo sin necesidad de apoyo de la derecha clásica, la que fue quedando cada vez con menos sustento dado que sus ofertas programáticas ya no calzaban con las opiniones de dos sectores amplios en los que se dividía Chile.

Al comienzo era sólo una fisura, hoy es un verdadero acantilado en la derecha. Sectores de RN y gran parte de Evópoli manifiestan su desacuerdo con los viejos ‘coroneles’ que tratan de recuperar el statu quo en el cual se desenvolvieron durante treinta años. Esos sectores del ultra conservadurismo manifiestan su apoyo a un “Rechazo” total de lo que planteará el plebiscito de abril próximo. Que nada cambie, que todo siga tal cual estaba hace cinco meses, que las realidades previsionales, laborales, estudiantiles, ambientales, de salud y de vivienda, sigan siendo las mismas de siempre (es decir, las mismas que provocaron el estallido y las protestas masivas).

Estos son los sectores que intentan retomar el juego “del terror” y rehacer la política comunicacional que alguna vez inventó y aplicó Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen nazi en la Alemania de Hitler. Tienen experiencia en ello, pues lo hicieron durante el gobierno de Allende (1970-1973) y se lo enseñaron a los derechistas y mega empresarios venezolanos que luchaban contra Hugo Chávez.

Pero, en esta coyuntura, esa derecha ultra conservadora se vio enfrentada a problemas que hicieron de esas situaciones algo muy distinto a las que acostumbraban realizar en la década de 1970. Hoy existen las redes sociales (principal quebradero de cabeza para la derecha y varios de sus mayordomos socialdemócratas), mismas que permiten contar con comunicación al instante, y además ventilar informaciones que la prensa oficial oculta o tergiversa.

Dividida, enemistada con sus anémicos líderes (Carmona, Schalper, Macaya y otros), carente, entonces, de un liderazgo unitario, popularmente rechazada, y ya sin agenda porque el pueblo –en la última elección presidencial- optó, desinformado y temeroso, por rechazar una alternativa encabezada por una comunista (Jeannette Jara), decidió entregarse de lleno a las manos del neofascismo ultranacionalista. A partir de ese momento, esta derecha chilena ortodoxa y clásica comenzó a vivir un mal momento, y lo que es peor, no avizora tiempos mejores.

Así fue como llegaron José Antonio Kast y su pandilla neofascista a la Moneda…el supuestamente débil ‘aliado’ (al que también supuestamente podrían manejarlo sin dificultades), se encaramó en la pirámide derechista y ahora, luego de tres espantosos y fracasados meses de gobierno ultranacionalista y neoliberal salvaje, UDI y RN  se preguntan: “¿cómo lo bajamos?”.