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Debate Anatel: El oportunismo político y la traición institucionalizada
Por Juan Fran Torres, periodista especializado en Derechos Humanos y Estudios Latinoamericanos.
Jeannette Jara representa la peor versión de una izquierda domesticada, funcional al poder económico y culpable del avance del fascismo en Chile.
Santiago de Chile, 11 de Noviembre de 2025. La extrema derecha que representan Kast, Kaiser y Matthei siempre ha actuado de mala fe. Sus programas no buscan resolver los problemas del país, sino perpetuar este sistema neoliberal, perverso, desigual y criminal que ha condenado a millones de chilenas y chilenos a la precariedad y la injusticia social.
Pero lo de Jeannette Jara ya resulta insoportable. Hace solo unos meses era la defensora número uno de este gobierno indolente, cuando ganó las primarias fue corriendo a agradecer y reunirse con el Presidente, Gabriel Boric. Hoy pretende mostrarse como una figura “independiente” y «fuera del oficialismo», criticando las posibles soluciones que existen para los pobladores de la Megatoma de San Antonio y por otro lado, exige que se “haga respetar” el fallo judicial que ordena el desalojo de más de cuatro mil familias humildes.
Ese doble discurso no solo desnuda su oportunismo político, sino que también la coloca del lado del poder y no del pueblo. En lugar de solidarizar con quienes luchan por el derecho a la vivienda, prefiere complacer a los sectores conservadores y mediáticos que exigen mano dura contra los pobres. El oportunismo de Jeannette Jara es descarado. Su actitud refleja el verdadero problema de la política institucional, dirigentes que, en vez de representar al pueblo, se arrodillan frente al poder económico y abandonan toda coherencia ideológica. Ella encarna la traición a la esperanza popular y es un ejemplo vivo de por qué la ultraderecha y el fascismo han logrado recuperar terreno en Chile, porque la falsa izquierda dejó de luchar junto a los suyos y se convirtió en administradora obediente del mismo modelo que decía combatir.
Marco Enríquez-Ominami, Eduardo Artés y, en algunos momentos, Harold Mayne-Nicholls fueron las únicas voces que se atrevieron a desenmascarar a la derecha y su proyecto autoritario.
Anoche, en el debate presidencial de Anatel, solo Marco Enríquez-Ominami, el profesor Eduardo Artés e incluso, en algunos puntos, Harold Mayne-Nicholls, fueron capaces de enfrentar a la derecha y desenmascarar lo perverso de sus ideas y “propuestas” que buscan seguir engañando al pueblo de Chile.
La derecha volvió a mostrar su verdadero rostro: El de la negación permanente de las innumerables violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura y continuadas bajo esta falsa “democracia” pactada. Cada intervención suya recordó lo que ya sabemos: En un eventual gobierno, la derecha representa un peligro real para la sociedad, la libertad y los trabajadores.
Pero también, quedó en evidencia otra verdad: El principal responsable del ascenso de la extrema derecha es el gobierno de Gabriel Boric y su grupo de aduladores, incluyendo a las y los ministros del Partido Comunista de Chile. Desde el primer momento, el gobierno decidió traicionar las esperanzas del pueblo y abandonar el programa de Apruebo Dignidad, echando por tierra las principales demandas sociales que surgieron del estallido popular.
La consecuencia ha sido el desencanto, la desmovilización y la pérdida de confianza en la política progresista. La candidata oficialista, Jeannette Jara, lo demuestra cada vez que abre la boca. Su discurso vacío repite una y otra vez los mismos “logros”: Las 40 horas y una reforma previsional que no es tal, ya que entrega 6 mil millones de pesos anuales a las AFP, fortaleciendo el sistema de capitalización individual creado por José Piñera.
En lugar de terminar con el abuso, lo perpetúan. En lugar de dignificar la vejez, complacen al poder financiero. Así, Boric, Jara y su coalición se han transformado en los garantes del neoliberalismo, los administradores dóciles de un modelo que prometieron derribar. El debate de Anatel fue una muestra de que solo un par de voces mantiene viva la rebeldía, la consecuencia y la esperanza popular frente a un sistema político rendido ante el poder económico.