50 años de La Declaración de Argel: una contribución histórica a la emancipación de los pueblos.

 50 años de La Declaración de Argel: una contribución histórica a la emancipación de los pueblos.

50 años de La Declaración de Argel: una contribución histórica a la emancipación de los pueblos.

Por: Esteban Silva Cuadra

Por su contenido y su alcance histórico, la Declaración universal de los derechos de los pueblos, proclamada en Argel el 4 de julio de 1976, constituye una de las contribuciones más importantes del movimiento anticolonial y del Sur global al pensamiento político contemporáneo. En una época en que el derecho internacional permanecía centrado principalmente en los derechos individuales y en los Estados, la Declaración de Argel afirmó con fuerza que los pueblos mismos son sujetos de derecho y que poseen derechos colectivos inalienables.

La Declaración reconoce en particular el derecho de los pueblos a la existencia, a su identidad cultural, a la autodeterminación política, a la soberanía sobre sus recursos naturales, al libre elección de su sistema económico y social, así como a la protección de las minorías y al respeto de su patrimonio cultural. Afirma igualmente el derecho de los pueblos a resistir a la dominación colonial, a la ocupación extranjera y a todas las formas de opresión.

Fruto de una iniciativa internacionalista desde los pueblos , impulsada en particular por el gran jurista italiano Lelio Basso, la Declaración fue elaborada en el marco de un vasto proceso de reflexión que asoció a juristas, intelectuales, economistas, responsables políticos, militantes representantes de los movimientos de liberación nacional de África, Asia, América Latina y el mundo árabe. Más de ochenta personalidades  de renombre aportaron su contribución y su apoyo.


La conferencia que se celebró del 1 al 4 de julio de 1976 en el Palacio de las Naciones de Argel constituyó un momento histórico de convergencia entre las luchas de los pueblos por su liberación nacional, su soberanía y su desarrollo independiente. La Declaración serviría después de fundamento a la creación, en 1979, del Tribunal Permanente de los Pueblos, destinado a dar voz a los pueblos confrontados a las violaciones de sus derechos colectivos.


El gobierno argelino dirigido por el presidente Houari Boumédiène desempeñó un papel esencial al acoger esta iniciativa y al poner a disposición las condiciones políticas y logísticas necesarias para su realización. Este compromiso no fue en absoluto fortuito. Se inscribía en la continuidad del papel histórico asumido por la Argelia independiente como actor mayor del Movimiento de los Países No Alineados, defensor de las causas de liberación nacional y portavoz de los pueblos del Sur.


A través de la acogida de esta conferencia, la Argelia de Boumédiène confirmaba su vocación internacional al servicio de la emancipación de los pueblos, de la descolonización y de la construcción de un orden mundial más justo. A 64 años de la Independencia de Argelia (5 de julio de 1962) y a 50 años de la Declaración de Argel su espíritu y contenido sigue siendo hoy de una notable actualidad frente a las nuevas formas de ocupación, de agresiones militares imperialistas, de genocidio y de saqueo de los recursos naturales y de dependencia y neocolonialismo económico, comercial y cultural que continúa afectando a nuestros pueblos.

Cerca de medio siglo después de su adopción, la Declaración universal de los derechos de los pueblos conserva toda su pertinencia. Sigue siendo una referencia fundamental para los pueblos que luchan por su autodeterminación frente al opresión colonialista, como los pueblos palestino y saharaui, así como para todas las naciones que defienden su soberanía, su dignidad y su derecho a elegir libremente su destino.

Ciudad de Argel, 2 de julio de 2026

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