Derrota de EE.UU. en la ONU y la Peligrosa Contraofensiva de Washington Contra Cuba. Por Águeda Sáez Fick
Derrota de EE.UU. en la ONU y la Peligrosa Contraofensiva de Washington Contra Cuba. Por Águeda Sáez Fick, Periodista
El rechazo mayoritario al bloqueo en la Asamblea General de la ONU desata nuevas amenazas y un giro discursivo que enciende las alertas en la comunidad internacional.
A pocos días de la rotunda derrota de EE.UU. al intentar impedir que la Asamblea General de las Naciones Unidas discutiera el bloqueo estadounidense contra el pueblo cubano —un debate histórico que culminó con 136 países a favor de la isla, apenas 9 en contra y 30 abstenciones—, el Departamento de Estado norteamericano redobló la apuesta. A través de un comunicado oficial, Washington señaló que el Gobierno del presidente Donald Trump «seguirá utilizando» todas las herramientas a su alcance bajo el pretexto de la seguridad nacional.
Tras esta advertencia, se lanzó una abierta y directa amenaza: «Los líderes de Cuba simplemente deben optar por comprometerse con reformas reales, la paz y la prosperidad, antes de que sea demasiado tarde». Con esta postura beligerante, operadores políticos como el actual secretario de Estado, Marco Rubio, y el propio Trump no solo desprecian el multilateralismo, sino que restan importancia a la Asamblea General y hacen caso omiso al rechazo mayoritario de la comunidad internacional.
Al persistir en esta política, la Casa Blanca profundiza la extraterritorialidad de sus leyes e involucra a terceros países mediante sanciones y persecuciones contra entidades o personas que infrinjan sus medidas unilaterales, incluso fuera de las fronteras norteamericanas. Por ello, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, fue categórico al señalar que no se trata de un conflicto bilateral, sino de un problema internacional que vulnera la soberanía de todos los Estados.
Esta nueva escalada transforma el bloqueo en una guerra económica total. Se trata de un esquema asfixiante, diseñado deliberadamente para cortar el suministro de combustible y sabotear la infraestructura energética; un ataque directo a los derechos humanos fundamentales que afecta la salud, la alimentación, la educación y los servicios básicos del pueblo cubano.
En vez de acoger las recomendaciones de la ONU y abrir puentes de diálogo a través de canales diplomáticos, Washington reaparece con una retórica propia de la Guerra Fría. Este peligroso giro narrativo vuelve a colocar al «comunismo» como el enemigo principal en sus discursos —relegando el libreto del «narcoestado»—, lo que enciende las alertas internacionales ante el riesgo inminente de agresiones o intervenciones en la región.
Detrás de esta arrogancia se esconde la vieja ambición geopolítica de subordinar el territorio de la mayor de las Antillas. El objetivo de fondo es concretar proyectos expansionistas de turismo inmobiliario, monopolizar las rutas comerciales del Caribe para los negocios corporativos estadounidenses y someter, en última instancia, el ideario independentista de un pueblo soberano que ha decidido defender su derecho a la autodeterminación.
Ante esta ofensiva, la comunidad internacional no puede permanecer indiferente frente a estrategias que pretenden sustituir el derecho internacional por la ley de la fuerza. Hoy más que nunca, defender a Cuba es defender la paz, el principio de no intervención y el derecho inalienable de cada nación a forjar su propio destino sin tutelajes imperiales.
InfosurGlobal
julio 2026
El rechazo mayoritario al bloqueo en la Asamblea General de la ONU desata nuevas amenazas y un giro discursivo que enciende las alertas en la comunidad internacional.
A pocos días de la rotunda derrota de EE.UU. al intentar impedir que la Asamblea General de las Naciones Unidas discutiera el bloqueo estadounidense contra el pueblo cubano —un debate histórico que culminó con 136 países a favor de la isla, apenas 9 en contra y 30 abstenciones—, el Departamento de Estado norteamericano redobló la apuesta. A través de un comunicado oficial, Washington señaló que el Gobierno del presidente Donald Trump «seguirá utilizando» todas las herramientas a su alcance bajo el pretexto de la seguridad nacional.
Tras esta advertencia, se lanzó una abierta y directa amenaza: «Los líderes de Cuba simplemente deben optar por comprometerse con reformas reales, la paz y la prosperidad, antes de que sea demasiado tarde». Con esta postura beligerante, operadores políticos como el actual secretario de Estado, Marco Rubio, y el propio Trump no solo desprecian el multilateralismo, sino que restan importancia a la Asamblea General y hacen caso omiso al rechazo mayoritario de la comunidad internacional.
Al persistir en esta política, la Casa Blanca profundiza la extraterritorialidad de sus leyes e involucra a terceros países mediante sanciones y persecuciones contra entidades o personas que infrinjan sus medidas unilaterales, incluso fuera de las fronteras norteamericanas. Por ello, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, fue categórico al señalar que no se trata de un conflicto bilateral, sino de un problema internacional que vulnera la soberanía de todos los Estados.
Esta nueva escalada transforma el bloqueo en una guerra económica total. Se trata de un esquema asfixiante, diseñado deliberadamente para cortar el suministro de combustible y sabotear la infraestructura energética; un ataque directo a los derechos humanos fundamentales que afecta la salud, la alimentación, la educación y los servicios básicos del pueblo cubano.
En vez de acoger las recomendaciones de la ONU y abrir puentes de diálogo a través de canales diplomáticos, Washington reaparece con una retórica propia de la Guerra Fría. Este peligroso giro narrativo vuelve a colocar al «comunismo» como el enemigo principal en sus discursos —relegando el libreto del «narcoestado»—, lo que enciende las alertas internacionales ante el riesgo inminente de agresiones o intervenciones en la región.
Detrás de esta arrogancia se esconde la vieja ambición geopolítica de subordinar el territorio de la mayor de las Antillas. El objetivo de fondo es concretar proyectos expansionistas de turismo inmobiliario, monopolizar las rutas comerciales del Caribe para los negocios corporativos estadounidenses y someter, en última instancia, el ideario independentista de un pueblo soberano que ha decidido defender su derecho a la autodeterminación.
Ante esta ofensiva, la comunidad internacional no puede permanecer indiferente frente a estrategias que pretenden sustituir el derecho internacional por la ley de la fuerza. Hoy más que nunca, defender a Cuba es defender la paz, el principio de no intervención y el derecho inalienable de cada nación a forjar su propio destino sin tutelajes imperiales.
InfosurGlobal
julio 2026