Chile no puede negociar su soberanía. Por:Esteban Silva Cuadra

 Chile no puede negociar su soberanía. Por:Esteban Silva Cuadra
Chile no puede negociar su soberanía
Por Esteban Silva Cuadra
Coordinador de la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC – Chile Mejor Sin TLC



La visita a Chile del representante comercial de Estados Unidos no es una mera negociación técnica. Detrás del arancel de 12,5% impuesto por Trump se juega algo más profundo: la soberanía económica, comercial y geopolítica de Chile en medio de la disputa entre grandes potencias.

Chile Mejor Sin TLC lo ha dicho con claridad: después de más de veinte años de vigencia del TLC con Estados Unidos, «el tratado no nos protege: nos ata».[1] Cuando Washington considera amenazados sus intereses estratégicos, las reglas del libre comercio saltan por la borda. Los tratados no eliminan la asimetría: la institucionalizan.

El argumento del trabajo forzoso usado por EE.UU. para justificar el arancel no debe ocultar el fondo del asunto. La precarización laboral en sectores como la salmonicultura y la agricultura debe ser enfrentada, pero la ofensiva comercial de Washington responde a su disputa global con China. Chile está en medio de esa confrontación y necesita una política exterior soberana, no un alineamiento automático con ninguna potencia.

Las nuevas negociaciones estadounidenses ya no son solo sobre aranceles. Los llamados Acuerdos Recíprocos de Comercio incorporan seguridad económica, controles de exportaciones, inversiones, tecnología y relaciones con terceros países. Si EE.UU. condiciona una rebaja arancelaria a que Chile limite sus vínculos con China, estaremos ante una cuestión de soberanía nacional. Ningún gobierno debería aceptar que una potencia extranjera decida con quién comerciamos o nos relacionamos.

Chile debe diversificar sus relaciones internacionales para ampliar su autonomía, no para sustituir una dependencia por otra. Y la actual controversia expone los límites del modelo: los tratados no diversificaron la economía, profundizaron la reprimarización y el extractivismo. Cobre, litio, salmones y frutas siguen siendo el centro de nuestra inserción externa.

No basta pedir una rebaja arancelaria. La pregunta de fondo es qué política industrial necesita Chile para dejar de depender de decisiones tomadas en otros centros de poder. Necesitamos agregar valor, fortalecer empresas públicas y cooperativas, impulsar ciencia y tecnología, y construir soberanía energética y alimentaria. Los tratados deben subordinarse a una estrategia nacional de desarrollo, no al revés.

Esta mirada no es coyuntural. En mayo de 2025, la Tercera Asamblea Continental de la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC llamó a «construir alternativas urgentes a Trump y a los tratados de libre comercio e inversión», subordinando el comercio a la justicia social, la sustentabilidad y el bienestar común.[2] Frente a una política estadounidense que usa aranceles y cadenas de suministro como presión geopolítica, nuestra región debe articularse desde sus propios intereses.

La declaración de Chile Mejor Sin TLC también vincula esta negociación con la agenda del gobierno de Kast: apertura al capital transnacional, garantías a las grandes empresas y extractivismo. El riesgo es que la presión externa sirva para justificar nuevas concesiones internas. El mecanismo es conocido: se construye dependencia y luego se usa para exigir más beneficios al gran capital.

La declaración advierte además sobre la reforma constitucional de seguridad impulsada por el gobierno de Kast y un escenario de concentración de poder y restricción de derechos. Si bien no hay una relación directa con la visita de la USTR, sí es legítimo observar una convergencia tácita entre una agenda económica regresiva, una mayor concentración de atribuciones en el Ejecutivo y un creciente alineamiento con Washington.[1]

Por eso es indispensable exigir transparencia. El Gobierno no debe negociar a espaldas de la ciudadanía. Todo nuevo acuerdo debe ser conocido públicamente y discutido en el Parlamento, especialmente si involucra compromisos con terceros países, tecnología, minerales estratégicos o seguridad económica.

Esta coyuntura debe abrir una evaluación integral de los tratados vigentes. No basta medir exportaciones. Hay que examinar sus efectos sobre empleo, salarios, derechos laborales, medioambiente, soberanía regulatoria y capacidad del Estado para diseñar políticas industriales.

La presión estadounidense muestra que la política internacional ha regresado a una lógica abierta de poder. Durante años nos dijeron que los tratados reemplazarían la fuerza por reglas estables. Hoy vemos lo contrario.

Chile necesita abandonar la ingenuidad del libre comercio como doctrina. No se trata de aislarse, sino de recuperar una política propia: soberanía, integración latinoamericana y caribeña, cooperación Sur-Sur, derechos laborales y control democrático de nuestros recursos.

La declaración de Chile Mejor Sin TLC concluye: «Chile puede y debe vivir mejor sin tratados que hipotecan su soberanía y su futuro».[1] La coyuntura lo confirma. Chile puede negociar con todos los países del mundo, pero debe hacerlo desde una posición soberana y dando prioridad a la integración sudamericana y de la CELAC. Nuestra política internacional debe preservar la autonomía para definir nuestras relaciones productivas, comerciales y estratégicas.

Existe una frontera que ningún gobierno debería cruzar: ninguna ventaja comercial ni rebaja arancelaria justifica renunciar a nuestra capacidad de decisión como país. Chile no puede negociar su soberanía.


Notas

[1] Chile Mejor Sin TLC, «Declaración Pública ante la visita del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) a Chile», Santiago, 24 de agosto de 2026.

[2] Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, «Construir alternativas urgentes a Trump y a los tratados de libre comercio e inversión», Declaración de la Tercera Asamblea Continental, Santiago de Chile, mayo de 2025.

[3] Antecedentes USTR, julio de 2026.

[4] Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales de Chile (SUBREI), antecedentes oficiales.

[5] Antecedentes públicos sobre Acuerdos Recíprocos de Comercio impulsados por EE.UU.

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