La guerra en Irán. Deseos y realidades.Por Sergio Rodríguez Gelfenstein
De las «Instituciones Funcionan» contra Jadue hasta la «Muñeca Bielorrusa».
Por Juan Fran Torres, periodista especializado en DDHH y Estudios Internacionales.
La narrativa del poder: “En Chile no hay presos políticos”
Santiago de Chile, 10 de noviembre de 2025. Desde el propio Presidente Gabriel Boric, pasando por el exministro de Justicia Luis Cordero, la vocera de Gobierno, Camila Vallejo, el actual ministro de Derechos Humanos y Justicia, Jaime Gajardo y la misma candidata oficialista Jeannette Jara, el discurso ha sido uno solo: “En Chile las instituciones funcionan”. Esta frase, repetida hasta el cansancio por los altos funcionarios del gobierno, ha servido como un muro de contención frente a cualquier cuestionamiento sobre la manipulación judicial y la persecución política que se ha instalado en el país, especialmente en el caso de Daniel Jadue.
El gobierno insiste en la independencia de las instituciones, mientras mira hacia otro lado ante las irregularidades y la corrupción que contaminan al sistema judicial. La consigna de que “las instituciones funcionan” ha sido el escudo con el cual se legitima la injusticia y se blanquea la persecución.
El entramado de poder Judicial – Mediático
Mientras desde el gobierno negaba cualquier tipo de persecución, operaban en silencio una red de corrupción que involucraba a abogados, jueces, fiscales y operadores políticos entre ellos nombres como Luis Hermosilla, Andrés Chadwick, Angel Valencia, Manuel Guerra, Mario Vargas y Eduardo Lagos, estos dos últimos han sido abogado querellantes en el caso de persecución política en contra de Daniel Jadue.
Estos personajes, amparados por un sistema judicial que responde más a intereses económicos y políticos que a la justicia misma, han actuado coordinadamente con los principales medios de comunicación del país para construir un relato de criminalización política, difundiendo acusaciones antes de que existan pruebas y juzgando en la prensa lo que los tribunales aún no resuelven. No se trata de errores aislados, sino de una operación orquestada con precisión, una maquinaria de persecución política envuelta en el ropaje de la institucionalidad y hasta punto de ser avaladas por las mismas autoridades de gobierno.
Los querellantes contra Jadue caen por corrupción: La persecución judicial contra el exalcalde de Recoleta se derrumba.
En el corazón de la trama conocida como “Muñeca Bielorrusa” aparece una dupla clave: Los abogados Mario Vargas y Eduardo Lagos, ambos querellantes en la causa de persecución política y montaje judicial contra el exalcalde de Recoleta, Daniel Jadue.
Vargas y Lagos, hoy enfrentan serias acusaciones por lavado de activos, soborno y cohecho. Ambos, socios en el ejercicio privado, forman parte de una red de poder e influencias que los involucra a la exjueza de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, a su pareja Gonzalo Migueles, al polémico abogado acusado de corrupción, Luis Hermosilla y al suspendido ministro Antonio Ulloa.

La hipocresía del poder: cuando tocan al Presidente, sí hay “intervención política”
El caso de Luis Cordero, exministro de Justicia, es el ejemplo más gráfico de la doble moral que impera en el gobierno. Durante meses defendió con vehemencia la supuesta independencia de la Fiscalía, negando toda interferencia política. Pero bastó que las querellas comenzaran a rozar al Presidente Boric para que el mismo Cordero denunciara públicamente que «un grupo de personas usa al sistema penal como herramienta política” por parte del Ministerio Público.

Cuando la justicia se ensaña con un comunista, el discurso oficial es que “las instituciones funcionan”. Pero cuando el fuego llega a La Moneda, entonces sí hay “excesos”, “persecuciones” y “uso político de la Fiscalía”. Esa inconsistencia revela la esencia de este gobierno, la defensa de las instituciones solo sirve mientras protegen sus propios intereses.

La izquierda institucionalizada y su silencio cómplice

Más dolorosa aún ha sido la actitud de figuras como Camila Vallejo, Jaime Gajardo y Jeannette Jara, quienes han optado por guardar silencio o alinearse con el discurso oficial, incluso sabiendo que su compañero de partido, Daniel Jadue, es víctima de una persecución política sin precedentes desde el retorno a la democracia.


Su silencio no es casual, es una muestra del miedo a incomodar, del cálculo político y de la renuncia a los principios que alguna vez dijeron defender. La militancia del Partido Comunista ha salido a cerrar filas en defensa de uno de sus cuadros más destacados, ejerciendo una posición firme y coherente frente a la injusticia que se ha cometido contra Daniel Jadue.

Una democracia tutelada por la corrupción
El caso de Daniel Jadue no es una excepción: es el reflejo de una democracia tutelada, donde la justicia opera como herramienta de disciplinamiento político y los medios de comunicación como brazo ejecutor del poder económico. Mientras el gobierno repite constantemente su mantra de que “las instituciones funcionan”, la realidad demuestra que funcionan solo para algunos: los poderosos, los empresarios, los amigos del sistema. Chile vive un proceso de degradación institucional profunda, donde la justicia se compra, la verdad se manipula y la independencia judicial es un mito útil para quienes gobiernan. El pueblo, sin embargo, no olvida. Y más temprano que tarde, la verdad se abrirá paso entre tanta impunidad y silencio cómplice.