El autoexilio de las ideas y de la cobardía
Por Juan Fran Torres, periodista de análisis político.
Santiago de Chile, 22 de diciembre de 2025. Con la llegada de la extrema derecha a La Moneda, la preocupación y la incertidumbre se han apoderado de la ciudadanía y especialmente, de los sectores más vulnerables de nuestro país. El Gobierno saliente parece no haber despertado jamás del letargo en el que cayó despues del plebiscito constitucional del 2022. Hoy, lo más grave no es solo la inacción, sino que, lejos de impulsar medidas urgentes en favor del bienestar común en el poco tiempo que queda de gobierno, el Presidente de la República se ha dedicado en sus últimos días a apitutar a sus colaboradores más cercanos, asegurándoles cargos estratégicos. Una señal clara de que su principal preocupación no ha sido el pueblo, sino dejar amarrada a su gente de confianza en puestos clave en los poderes del Estado.
Durante el gobierno de Gabriel Boric se promovieron medidas profundamente antipopulares, mientras se incrementó la represión y la militarización en las comunidades mapuche. Las principales carteras del Ejecutivo, encabezadas por el llamado «Socialismo Democrático» y la figura muy cuestionada de la vocería de gobierno, no solo avalaron cada una de estas políticas, sino que actuaron como verdaderos kamikazes del Presidente, defendiendo con fervor medidas represivas del gobierno, como el allanamiento al Comedor Popular Luisa Toledo, el Estado de excepción permanente en el Wallmapu, la aprobación de la liberticida Ley Nain-Retamal de gatillo fácil, la nueva «Ley Antiterrorista» y la omisión inicial frente al grave caso de la desaparición forzada de la defensora ambiental Julia Chuñil, pese a que Chile es parte de acuerdos internacionales de protección de líderes ambientales desde 2022.
A ello se suma la justificación y defensa de decisiones que anteriormente habían rechazadas por el mismísimo Presidente y por todo su sector político, como: La firma del TPP-11, el Acuerdo Marco Avanzado (AMA) con la Unión Europea y la consolidación de Chile como socio estratégico de la OTAN, todos estos aprobados en este gobierno y presentados como «opciones inevitables», cuando en realidad representan nuevas formas de subordinación y dependencia total a los Estados Unidos y Occidente. Es decir, en el plano internacional, la política exterior del país se convirtió en una auténtica vergüenza, por su alineación total con Washington y la OTAN, defendida sin pudor por figuras como Carolina Tohá, Jeannette Jara, Camila Vallejo y Álvaro Elizalde entre otros.
Tras este cúmulo de errores y traiciones, no cabe duda de que la responsabilidad política central del triunfo de la extrema derecha y la llegada de José Antonio Kast a La Moneda, recae directamente en el Frente Amplio y a todos los que secundaron a este gobierno de claudicación.
Mientras el país enfrenta una grave regresión política y social con la victoria de Kast, estos sectores se aprestan a asegurar puestos, privilegios y destinos cómodos para los suyos, olvidando por completo cualquier prioridad vinculada a la defensa de la ciudadanía y de los sectores populares. No resulta casual que varios cercanos al mandatario hayan optado por un autoexilio en Europa. Este guión ya lo vimos en Argentina, cuando el expresidente Alberto Fernández, tras un gobierno desastroso y luego de allanar el camino al extremista de Javier Milei, se marchó cómodamente a Madrid, abandonando a quienes alguna vez confiaron en él.
Mientras estuvieron en el gobierno, jamás interpretaron las demandas de la ciudadanía ni de los sectores populares que confiaron en ellos, se encerraron en el poder para seguir administrando el modelo neoliberal que históricamente nos ha robado, nos ha saqueado y nos ha condenado a la desigualdad.