¿POR ESTA DERECHA VOTÓ USTED EN MARZO PASADO?

A escasos meses de haber asumido el gobierno, la soberbia que caracteriza a varios dirigentes de la coalición gobernante ya es notoria. ¿El extremismo nacionalista   sobrepasó a la derecha tradicional, o los requerimientos y objetivos de la derecha económica se impusieron sobre la derecha política?

Arturo Alejandro Muñoz

Posiblemente usted votó por José Antonio Kast en la última elección presidencial, y también es probable que haya sufragado por candidatos ultraderechistas al Congreso Nacional. Por cierto, nada malo hay en ello, pues desde la perspectiva de libre elección que ofrece un sistema democrático como el nuestro, usted ejerció su soberano derecho.

No obstante, hay una pregunta necesaria, pero, previo a plantearla se debe recordar lo que en estos tres meses de gobierno han realizado, manifestado y discutido muchos dirigentes oficialistas. Hecho el alcance, permítame entonces preguntarle si es esta, exactamente, la derecha que usted quería y por la cual sufragó en marzo pasado.

Existe una clara tendencia a equivocar de plano el concepto “político conservador” confundiéndolo lamentablemente con posiciones extremas y totalitarias, cual es el caso del pinochetismo y el nacionalismo rampante.  Ello ocurre en Chile, y al parecer exclusivamente, ya que en otras naciones del subcontinente latinoamericano –donde también gobierna la derecha-  no existe tamaña inclinación al clasismo y al anti izquierdismo enfermizo, como sí acaece en nuestro país.

Puede ser que a usted, respetable elector, estos primeros meses del gobierno de don José Antonio le parezcan similar a los vividos  por nuestros vecinos de allende los Andes  con el gobierno de Javier Milei, el cual procura ‘enderezar’ a la Argentina y meterla en la funda diseñada por el FMI, lo que impetra reducir no sólo el tamaño del estado sino también su poder, incluyendo, claro está, la eliminación de beneficios sociales y de lo que se ha llamado “la grasa del estado’, además de rebajar impuestos a las cofradías mega empresariales, financieras y bancarias.

Al parecer, para lograr todo ello resulta necesario meter a parientes y familiares en los principales cargos públicos, como si la administración de un país se asemejara a la de una empresa o negocio donde hijos, tíos y sobrinos son los socios.  Y no sólo eso, también es parte del cuento despedir funcionarios que ingresaron a instituciones estatales mediante concursos de Alta Dirección, aduciendo que el número de los mismos había sido irresponsablemente incrementado por el gobierno anterior, pero como contrapartida se crean nuevas dependencias fiscales en nombre de la ‘modernización del aparato público’. 

Sucede en Argentina. ¿También en Chile? Sí, también (ej.: crear el Ministerio de la Familia y Desarrollo Social, que vendría a reemplazar a la actual cartera, pero con tres nuevas subsecretarías, así como también reemplazar al Sename por dos nuevos servicios: Servicio de Protección a la Infancia y Adolescencia y Servicio de Responsabilidad Adolescente).

Agréguese la visión y objetivos explicitados por algunos ministros en materias de educación y de salud, cuyos discursos anticipan  la meta del gobierno: reducir el apoyo a ambos sistemas públicos para colapsarlos y, finalmente,  producir el traspaso de la mayor parte de sus usuarios al sistema privado. ¿Algo así quería usted cuando sufragó por el ultranacionalista Kast?

A escasos meses de haber asumido el gobierno, ya es notoria la soberbia que caracteriza a varios dirigentes oficialistas cada vez que les corresponde emitir opinión ante los medios de prensa. ¿Es algo nuevo? No, nuevo no es; sólo ocurre que recién ahora venimos a enterarnos cuán bien disfrazada tuvieron esa característica durante las décadas del binominalismo duopólico.

La soberbia de ciertos personeros derechistas ha aflorado sin cortapisas, rayana –las más de las veces-en la prepotencia sustentada en ninguneo hacia sus adversarios políticos, creyendo que el triunfo de José Antonio Kast en los comicios electorales es potencial suficiente para intentar imponer sus ideas a como dé lugar, contra viento y marea, soslayando una estadística que posiblemente les pase factura en los meses venidero.

El gritoneo propio de hincha futbolístico de barra brava que el ministro de Vivienda, Poduje, produjo en uno de los encuentros cara a cara con vecinos viñamarinos damnificados gravemente por los fatales incendios de sus viviendas, eludiendo olímpicamente responder lo que se le preguntaba, demostró el nivel de desprecio que algún sector del actual oficialismo ‘republicano’ tiene respecto no sólo de la sociedad, sino también de varios de sus acompañantes en el gobierno. La soberbia ‘patronal’ al galope tendido.

Algo similar aconteció en la que ya es una archi comentada entrevista al premio Nobel de literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, conducida por el articulista Axel Kaiser (reconocido ultradeerechista y protofascista), quien se permitió tutear al Nobel y trató de conducirlo  hacia respuestas que confirmaran sus propias ideas de extremista liberal. Vargas Llosa respondió con claridad y certeza dejando al entrevistador en una posición más que incómoda, demostrando además cuán cierta era aquella opinión que había entregado meses antes al afirmar que “la derecha chilena es cavernaria”.

El ex ministro de Cultura (en la administración de Sebastián Piñera); Luciano Cruz-Coke, ya había anticipado algo al respecto, al afirmar que “la derecha chilena es culturalmente mediocre”.

En alguna importante medida, Vargas Llosa remata esa última opinión con un comentario que desnuda también las razones por las que esta derecha chilena intenta minimizar el estudio de las ciencias sociales, la literatura y la filosofía en la educación pública.

Dice Vargas Llosa: “La literatura es algo muy importante que no puede prescindir de la libertad para funcionar para ser realmente creativa (…) la literatura, produce un malestar, una inconformidad con el mundo tal como es. Ese espíritu crítico es la gran locomotora del progreso de la civilización”.

Hace algunos años, Neil Davidson, columnista inglés del diario “Las Últimas Noticias” (LUN), auto declarado liberal cercano al conservadurismo, manifestó en una entrevista de prensa que la derecha chilena le parecía fundamentalista, a tal grado que él mismo podría ser considerado ‘socialista’ al comparar sus ideas con las que esa derecha manifiesta. “La derecha chilena cree que ser conservador significa necesariamente ser pinochetista”, explicó.

No se detiene allí –ni mucho menos- este asunto de la soberbia. La propia exvocera de gobierno, Mara Sedini, en desafiante actitud, al regresar como panelista estable a un programa de TV (“Sin Filtros”) insistió con comentarios que directamente negaban su propia y voluntaria participación en esa casta ultranacionalista, a la que catalogó ahora –luego de haber fracasado rápidamente en su rol de vocera del gobierno kastista- como una “calaña” que –según ella- la utilizó…no obstante, olvidó convenientemente que ella era (y sigue siendo) miembro activo de esa misma ‘calaña de gente’.

Esos sectores son quienes han construido un mito llamado ‘pinochetismo’, con el cual intentan ver y comprender el mundo actual que les resulta ajeno y distante.  Lo utilizan como mecanismo psicológico para evitar que la frustración se los trague. ‘Regresión’, así se llama el mentado mecanismo. Y sobre él hay quienes insisten en construir país.

Una duda comienza a corroer el ánimo de muchos votantes derechistas. ¿El extremismo nacionalista rampante, ha comenzado a sobrepasar a la derecha chilena tradicional? ¿O simplemente los requerimientos y objetivos de la derecha económica, con el apoyo de ese nacionalismo ya comentado, se impusieron sobre la derecha política histórica?