Anecdótica situación de rescate durante relegación de Manuel Bustos en Parral año 1988

Arturo Alejandro Muñoz

Ricardo Brodsky escribió:

<<Manuel Bustos unió su nombre a los de Luis Emilio Recabarren y Clotario Blest, como uno de los líderes indiscutidos de la construcción del movimiento sindical en el país. El Grupo de los Diez, la Coordinadora Nacional Sindical, el Comando Nacional de Trabajadores y la Central Unitaria de Trabajadores le deben su existencia en gran medida a Manuel Bustos.

<<Su vida estuvo marcada por los mismos dolores que afligieron al pueblo de Chile desde el 11 de septiembre de 1973. Apresado el mismo 12 de septiembre fue enviado al Estadio Chile, luego al Estadio Nacional y finalmente permaneció 15 meses recluido en la cárcel pública. Conoció también el exilio al ser expulsado de Chile en 1982 y la relegación durante 8 meses en 1988>>

Recordemos entonces:

Entre el 30 de septiembre y el 4 de octubre de 1983 (nos lo dice la Vicaría de la Solidaridad en uno de sus escritos), la dictadura en Chile aplicó el llamado artículo 24 transitorio, mediante el cual 40 personas, principalmente pobladores, fueron relegadas a distintas zonas del país, en actos de castigo político y desplazamiento forzado interno.

Los partidos políticos estaban fuera de la ley, sin representatividad verdadera, escondidos bajo las mesas de sus casas o viviendo en el extranjero, presas del exilio. La principal voz disidente en el país era la del sindicalismo.

Un caso particularmente emblemático ocurrió años más tarde, específicamente el 15 de septiembre de 1988, cuando los dirigentes máximos de la renacida CUT —Manuel Bustos y Arturo Martínez— fueron relegados a Parral y Chañaral, respectivamente, acusados por el gobierno totalitario de infringir la Ley de Seguridad del Estado al haber convocado, al país, a una paralización laboral en octubre del año anterior (1987).

Era un golpe durísimo contra el resurgimiento del sindicalismo luego de las masivas “protestas sociales nacionales” que sacudieron al gobierno dictatorial entre 1983 y 1985, así como también el icónico acto de refundación de la CUT que otorgaba a los trabajadores chilenos no sólo un arma de negociación, sino, también, la recuperación de la dignidad de ese vital e irreemplazable sector de la producción…y de su irrestricto apoyo a la democracia y a la libertad.

Con ello, la dictadura quedaba libre de manos (y de prensa) para continuar su programa de persecuciones, detenciones y entrega de Chile a manos privadas. Con Manuel Bustos relegado, el sindicalismo, que se había potenciado estupendamente con las ‘Protestas Nacionales” y había desestabilizado a Pinochet, permitía a la dictadura recobrar su fuerza al no tener frente a ella una oposición organizada y con liderazgo real.

Sin Manuel a la cabeza de lo anterior, los meses por venir serían fatales para los trabajadores y para el pueblo en general.

Fue entonces que surgió una alternativa. Rescatar a Manuel Bustos de su relegación en Parral, llevarlo a lugar seguro fuera de Santiago y, desde allí, tomar nuevamente las riendas de la acción libertaria, poniendo a Pinochet en una situación dramáticamente peligrosa y prácticamente inmovilizándole ante la opinión internacional.

Una directiva de un sindicato santiaguino (*)  había diseñado el plan para efectuar tal acción de rescate. Tres automóviles, seis personas, una pequeña parcela en la zona cercana a San Fernando, un equipo de radio con antena instalada en un automóvil siempre en movimiento (para evitar triangulaciones policiales y de la CNI) …con Manuel dando órdenes y propuestas a través de ella, con alcance a todo el país.

El asunto era peligroso, pero, según ese sindicato se requería que Manuel estuviese “escondido” solamente cinco días, ya que otros dirigentes sindicales conversarían con el gobierno pinochetista para llegar a acuerdos y liberar no solo a Manuel Bustos, sino también a Arturo Martínez que estaba relegado en el norte.

Aunque nunca estuvo de acuerdo con el plan, el dirigente Federico Mujica sería el encargado de conversar en la Moneda con Alberto Cardemil y en la Vicaría con el Cardenal con el Cardenal Raúl Silva Henríquez. Para tales efectos a Mujica le acompañarían uno o dos altos funcionarios de la embajada de Alemania en Chile (los que serían contactados sólo si el plan era aprobado por las Centrales Sindicales: CTC, CEPCH, ANEF).

Hubo varias maniobras de entrenamiento. Muchas en realidad. Durante tres semanas se trabajó seriamente en ello. El plan consistía en que Manuel subiera al primer automóvil en Parral luego de su firma diaria en Carabineros de esa ciudad…que viajara hasta Lontué, cambiara allí de automóvil y siguiera rumbo a Las Cabras-Lago Rapel por la vía Malloa-San Vicente de Tagua-Tagua en un segundo coche. El tercer automóvil sería para trasladar a Manuel, finalmente, hasta Punta de Tralca donde la Iglesia Católica tenía instalaciones que muchas veces eran utilizadas por diversas federaciones y confederaciones, como la del Cobre, por ejemplo. Los automóviles serían un Renault, un Datsun y un Hyundai.

Todo este viaje debería hacerse a plena luz del día. Y, obviamente, durante horas diurnas antes que Bustos tuviese que presentarse en la noche nuevamente a firmar en Carabineros de Parral. ¿Los pilotos? Dirigentes de ese audaz sindicato…

Pero, al ser informado, Manuel Bustos se opuso tenazmente a ello.  “Es una locura…es propio de una película, pero tiene mal final y no conviene a la lucha por la recuperación de la libertad y la democracia”, dijo. Y agregó: “conozco bien a los compañeros autores de ese plan, son audaces, aventurados y valientes sin límites…pero esta vez están políticamente equivocados. Les agradezco desde mi corazón, pero…¡¡no!!”.

¡¡Y se acabó!! Bustos siguió relegado en Parral hasta que en 1989 Pinochet ordenó su liberación. Lo que vino después todo Chile lo sabe.

A comienzos de 1990 un exagente CNI supo del plan de marras. Su comentario ante las preguntas del periodista de La Tercera, Daniel Galleguillos Tobar (esposo de la periodista pinochetista Silvia Pinto), fue escueto: “Valientes los huevones…capaz que lo hubiesen logrado”.

  • Ese sindicato fue el SINATI, Sindicato Nacional de Trabajadores de INACAP, año 1988-89 (Aliaga, Antognini, Madrigal, Muñoz, Pacheco)
  • Sólo los viejos allendistas sindicalistas abrazaron el plan sin ambages… el resto de dirigentes sindicalistas partidarios de otras tiendas (incluyendo comunistas y democristianos), “arrugaron” tempranamente.