Agresión estadounidense sionista contra Irán: El ejército iraní responde.
¿América Latina en venta?: derechización, guerra global y renuncia a la política (o, sobre llovido, mojado)
Por Pablo Vilas*
Hace poco me compartieron la entrevista que le hace el periodista Tucker Carlson al profesor Jiang Xueqin. Jiang Xueqin, analista geopolítico chino-canadiense conocido por sus predicciones acertadas (regreso de Trump, guerra con Irán, etc.). La conversación dura aproximadamente 1 hora y 8 minutos y se centra en la guerra actual con Irán (EE.UU-Israel vs. Irán), cómo se desarrollará y sus consecuencias globales catastróficas. (Publicada en la red X, @TuckerCarson). El mensaje para Nuestra América es ya conocido, la crisis energética y alimentaria que viene va a ser brutal para Latinoamérica.
A partir de ahí algunas reflexiones desde nuestro espacio del sur global. No es el mundo el que nos condena. Es la decisión colectiva de dejar de actuar como región soberana. Se está instalando con fuerza en el debate internacional la idea de que el mundo avanza de forma inevitable hacia una nueva etapa de confrontación atómica entre potencias y de que los países latinoamericanos solo podemos adaptarnos pasivamente a ese escenario.
Esa narrativa no es ingenua, es funcional a la lógica de subordinación. Porque cuando se acepta que la historia ya está escrita, lo que en realidad se está afirmando es que la política ha dejado de importar. Y para América Latina, eso marca un nuevo ciclo de subordinación estructural.
No hay destino: hay disputa
El orden internacional se encuentra en plena transformación. Estados Unidos ha perdido la capacidad de disciplinamiento global que ejerció durante décadas. China avanza de manera sostenida. Los conflictos se multiplican. Sin embargo, nada de ello constituye un destino inevitable.
Lo que existe es una disputa abierta por el poder global y el problema radica en que, en ese tablero, América Latina vuelve a ocupar el lugar histórico que le fue asignado desde hace doscientos años: proveedor de recursos naturales, espacio de influencia y territorio administrado desde el exterior.
Litio, energía, alimentos y agua. Todo lo que el mundo demanda se concentra en la región. Sin una estrategia común, esa riqueza no genera autonomía: genera dependencia y extracción.
Derechización y debilitamiento del Estado: una combinación peligrosa
Este proceso global coincide con una realidad regional preocupante. En varios países, como Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Honduras, etc. han asumido el gobierno fuerzas que, con distintos matices, comparten una misma lógica: el debilitamiento deliberado del Estado. Menos Estado en un mundo que exige mayor capacidad estatal. Menos política en un escenario que requiere más decisión política. No se trata de una contradicción, es un proyecto coherente.
Un Estado debilitado no solo regula menos: negocia peor, decide menos y depende más.
La memoria como herramienta política
Es importante recordar que América Latina no siempre ocupó esta posición pasiva, hubo un ciclo no muy lejano en el que la región decidió actuar como sujeto histórico. Gobiernos como los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva, Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa comprendieron una verdad central: la única vía hacia la autonomía era la acción conjunta.
Se fortaleció el MERCOSUR, se creó la UNASUR, se impulsó la CELAC y se rechazó el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata de 2005, Los resultados fueron concretos:
• Millones de personas salieron de la pobreza,
• Se ampliaron derechos sociales,
• Se consolidó el mercado interno,
• La región adquirió una voz propia en el escenario internacional.
No fue casualidad. Fue política.
El relato que desarma
Hoy se promueve un sentido común distinto: que todo está determinado, que las potencias deciden y que no existe margen de maniobra, ese discurso no describe la realidad. La disciplina. Porque si todo está predeterminado, entonces nadie asume responsabilidad. Solo resta adaptarse y desde esta perspectiva, eso no es análisis: es resignación.
La pregunta que realmente importa
El dilema no consiste en elegir entre alinearse con Estados Unidos o con China. Esa es una falsa dicotomía, La pregunta esencial es otra: ¿América Latina desea volver a ser sujeto político? Eso implica asumir costos, construir consensos, sostener tensiones y, sobre todo, definir un proyecto propio. Sin embargo lo que observamos actualmente es lo opuesto: fragmentación, competencia interna y ausencia de estrategia compartida. En ese vacío, otros deciden por nosotros.
Lo que hay que reconstruir
No se trata de nostalgia. Se trata de recuperar la experiencia histórica que ya demostró su eficacia; Integración con contenido político, espacios como el MERCOSUR y la CELAC solo tienen sentido si sirven para construir poder real. El Estado como herramienta de soberanía, no existe desarrollo sin Estado fuerte, debilitarlo en este contexto no es modernización, es cesión de soberanía. Autonomía como estrategia, la región no necesita elegir un nuevo amo, necesita construir margen propio. La paz como decisión política, aceptar la guerra y la crisis energética como destino equivale a aceptar un rol subordinado en ella.
Para cerrar
El mundo está en disputa, pero en América Latina y el Caribe no estamos obligados a perder. Lo que se juega no es solo la geopolítica global, es la voluntad política regional. Cuando la región actuó de manera unida, mejoró la vida de sus pueblos, cuando abandonó esa vía, otros ocuparon su lugar.
Jiang cierra diciendo que “Occidente está destruyendo sus propios clásicos (Platón, Homero, Biblia)”. Nosotros agregamos: mientras ellos abandonan su civilización, nosotros estamos recuperando la nuestra: Bolívar, Morazán, San Martín, Perón, Chávez, Kirchner. Esa es la verdadera “demolición controlada” que hay que resistir: la del pensamiento colonial que aún algunos internos quieren imponernos
La entrevista confirma lo que siempre sostuvimos: el mundo unipolar está muerto. La guerra de Irán es el parto doloroso del mundo multipolar. Y en ese nuevo mundo, Nuestra América tiene la posibilidad histórica de dejar de ser patio trasero para convertirse en protagonista. Solo depende de que tengamos la valentía de elegir soberanía, integración y alianza con los pueblos que también resisten.
No hay destino. Hay decisiones.
Y a partir de ahí la decisión que debemos tomar es si América Latina vuelve a organizarse como Patria Grande, o si acepta, una vez más, ser organizada por otros.