Breves reflexiones sobre la actual situación política

Arturo Alejandro Muñoz

Hay algo en el ambiente que llama a la alerta temprana. En la atmósfera política ha comenzado a construir su nido el mismo bicho que ovó sus iras hace más de medio siglo. Lo hizo en pleno gobierno democristiano de Eduardo Frei Montalva.  ¿O ya olvidamos la intentona golpista del sempiterno general sedicioso, Roberto Viaux Marambio?

Es dable asegurar que la “gran división” experimentada por Chile comenzó precisamente en esa época, durante un gobierno tibiamente modernizador que pretendió avanzar por una línea política separada de las dos grandes vías que operaban en plena guerra fría: derecha e izquierda, vale decir, ni capitalismo ni socialismo. En un abrir y cerrar de ojos, aquella tienda proveniente de la juventud del partido Conservador y de la Falange española se fracturó dando origen al MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y posteriormente a la IC (Izquierda Cristiana), quienes fueron a engrosas las filas de la Unidad Popular, conglomerado que llevaría a Salvador Allende –y a la izquierda socialista- a La Moneda en septiembre de 1970.

En esos avatares resurgió el fascismo que la derecha había semi ocultado desde finales de los años 30 y que mantenía bajo siete llaves a la espera de la oportunidad perfecta para reavivarlo, por cierto, pensando siempre en la posibilidad de golpear el tablero y acceder a la toma del poder mediante las armas, cuestión que le aseguraba el silencio y ahogo de cualquier tipo de oposición. Tanto la beata y conservadora agrupación llamada FIDUCIA como la nacionalista-fascista Patria y Libertad, salieron a escena dispuestas a convertir Chile en una especie de paraíso capitalista y vaticano. Obviamente, lo lograron; el golpe de estado de 1973 y los 17 años de dictadura lo confirman.

Hoy parecen haberlo logrado nuevamente -35 años después del histórico plebiscito del Sí y el NO- llevando, democráticamente esta vez, al palacio de gobierno a un indesmentible representante del neonazismo, José Antonio Kast Rist.

Parece insólita esta afirmación última, pero existe un referente, al menos en Chile. Los predadores del pasado están esforzándose no sólo en regresar con toda su argamasa de clasismo, violencia y locura, sino también ataviados de un racismo que es inmanente a sus equívocas pretensiones de superioridad racial, intelectual y económica. Esa punta de lanza que hoy muestra la derecha dura, está conformada por noveles vástagos del fascismo de antaño, aquel que bandereaba el grupo ‘Patria y Libertad’ y que hoy, en un claro intento por obnubilar a la gente, pretenden disfrazarse de insignes defensores de la democracia y de la patria.

Es válido preguntarse si en la casa de gobierno, en las tiendas políticas progresistas y en la alta oficialidad de las fuerzas armadas habrá al menos una o dos personas que tengan conciencia de lo que ha pasado en Chile durante los últimos cuarenta años.

El ciudadano común, aquel que paga religiosamente sus impuestos y aporta con su trabajo y su arte y su ciencia y su tecnología al desarrollo del país,  lo menos que puede esperar es tener la certeza de la existencia de algunas autoridades  que no se dejen arrastrar por las pasiones de una dependencia ideológica, del aroma del dinero fresco y fácil, o de la falsa pretensión de formar parte de una clase social que se siente superior al resto de la población creyendo tener derechos y privilegios específicos y perennes. 

¿Existirán esas autoridades, civiles o militares hoy, ahora, en nuestro país?