«Conversar no es pactar»:La trama neocolonial de Trump en el Sáhara Occidental para legitimar la anexión marroquí.Por:Esteban Silva Cuadra

 «Conversar no es pactar»:La trama neocolonial de Trump en el Sáhara Occidental para legitimar la anexión marroquí.Por:Esteban Silva Cuadra

«Conversar no es pactar»: La trama neocolonial de Trump en el Sáhara Occidental para legitimar la anexión marroquí.Por:Esteban Silva Cuadra

Las informaciones que circulan sobre el próximo inicio de conversaciones en España que podrían abrir “negociaciones directas entre el Frente Polisario y Marruecos”, promovidas bajo el padrinazgo de Estados Unidos y realizadas en territorio español, deben ser analizadas con extrema cautela. No se trata de un episodio diplomático menor, sino de una señal significativa de recomposición del tablero colonial en el Sáhara Occidental, bajo tutela imperial, en un contexto mundial marcado por la erosión acelerada del multilateralismo y del derecho internacional.[1]

De confirmarse, estos contactos constituirían una operación política de alto nivel destinada a reposicionar la agenda saharaui en un terreno funcional a los intereses estratégicos de Washington y de la monarquía marroquí, desplazando la cuestión del marco jurídico internacional hacia un escenario de “negociación” dominado por la presión, la asimetría y el chantaje.

La ofensiva imperial: desmantelar el multilateralismo y sustituirlo por la fuerza

En este contexto cobra actualidad la frase “Conversar no es pactar”, popularizada en América Latina y el Caribe por el fundador del APRA peruano, Víctor Raúl Haya de la Torre, y atribuida en su formulación a Ramiro Prialé. Esta consigna sintetiza una distinción política esencial: el diálogo puede ser necesario, pero nunca debe confundirse con renuncia a objetivos estratégicos fundamentales.

Esta distinción cobra plena vigencia en un escenario en el que el actual presidente estadounidense Donald Trump no solo ha debilitado las instituciones multilaterales, sino que opera abiertamente para sustituir el derecho internacional por la lógica brutal de la fuerza directa. En análisis recientes hemos insistido en que la geopolítica de Trump no constituye una “desconexión” del sistema internacional, sino un reordenamiento coercitivo desde una dominación unipolar e imperial, orientado a eliminar restricciones normativas que limitan la imposición de su voluntad geopolítica.[2]

Por ello, esta política no debe confundirse con ruptura emancipadora —como la “desconexión” planteada por Samir Amin— sino que debe ser comprendida como una falsa desconexión imperialista, dirigida a liquidar salvaguardias jurídicas y a reconfigurar un orden mundial basado en la coerción.


El “nuevo orden”: transacción política y erosión del derecho internacional

El debilitamiento del multilateralismo es una tendencia global creciente. Trump ha promovido una política exterior unilateral y transaccional que acelera la erosión de normas internacionales y consolida un escenario en el que prevalecen las amenazas, las sanciones y la imposición por sobre el derecho.

En este marco, los diálogos que se anuncian —entre el Frente Polisario y Marruecos bajo patrocinio estadounidense— adquieren una lectura distinta: no son simples diálogos para retomar el cese al fuego y restablecer condiciones reales de paz, ni tampoco para establecer un cronograma que materialice el derecho inalienable a la autodeterminación e independencia del pueblo saharaui, sino maniobras orientadas a imponer un nuevo equilibrio geopolítico que marginaliza los derechos normativos de los pueblos colonizados.

En este caso específico, no se trataría de conversaciones neutrales entre partes equivalentes, sino de un intento de instalar un escenario de negociación entre una monarquía colonial que ocupa ilegalmente el Sáhara Occidental y un movimiento de liberación nacional, el Frente Polisario, que representa al conjunto de la nación saharaui constituida en la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Estado miembro de la Unión Africana.


EE.UU. como mediador impuesto: diplomacia convertida en cooptación

Si estas conversaciones se realizan en una embajada estadounidense en Madrid, ello implica que Estados Unidos busca reposicionarse como mediador global después de haber sido un factor central de desestabilización del sistema jurídico internacional, como lo evidencia su reconocimiento unilateral de la ilegal anexión marroquí del Sáhara Occidental.

No se pretende facilitar la autodeterminación del pueblo saharaui. Se busca administrar el conflicto bajo la órbita de Washington, garantizando que los equilibrios de poder prevalezcan sobre las normas del derecho internacional.

Esta forma de “mediación” no persigue justicia internacional: persigue estabilidad colonial y funcionalidad geopolítica.


Enterrar el referéndum: manipulación del marco jurídico y giro impuesto en la ONU

Desde 1991 el marco legítimo para resolver la cuestión saharaui ha estado definido por la MINURSO y el referéndum de autodeterminación. Marruecos ha saboteado sistemáticamente estas instancias, y ahora se promueven contactos que buscan consolidar un arreglo político funcional a sus intereses, desligado de las normas de Naciones Unidas.

Esta dinámica quedó reforzada con la aprobación de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada el 31 de octubre de 2025, patrocinada por Estados Unidos. Dicha resolución reafirma la fórmula de “solución política” y da centralidad a la propuesta marroquí de autonomía como base de negociación, desplazando en los hechos el eje histórico de la autodeterminación mediante referéndum, incluyendo la opción de independencia.[7]

Se trata de una maniobra neocolonial: reposicionar el conflicto para que deje de ser una cuestión de descolonización y pase a ser una simple “negociación bilateral”, borrando de un plumazo el mandato legítimo de autodeterminación.

Lo que se busca es sepultar el derecho del pueblo saharaui a decidir su destino y reemplazarlo por una fórmula colonial maquillada: la autonomía bajo soberanía del ocupante. Esto no es una solución: es la legitimación de la ocupación.

España: de potencia administradora a operador subordinado

Que estas conversaciones se celebren en España —país históricamente responsable por el proceso de descolonización saharaui— no es una casualidad simbólica. España ha pasado de ser potencia administradora a convertirse en un operador diplomático subordinado a los intereses de Estados Unidos y Francia, aceptando presiones de Marruecos en áreas clave como migración, comercio y seguridad.

Esta subordinación política transforma a España en una plataforma funcional para agendas estratégicas externas, diluyendo así su responsabilidad histórica con la descolonización pendiente y la justicia del Sáhara Occidental.

Marruecos e Israel: alianzas al servicio de un nuevo colonialismo

La consolidación de alianzas entre Marruecos e Israel se inscribe en una dinámica geopolítica más amplia. Marruecos ha sabido aprovechar sus relaciones estratégicas con Occidente y con Tel Aviv para fortalecer su proyección militar, diplomática y de inteligencia, actuando como un pilar del neocolonialismo global contemporáneo.[4]

Su rol como normalizador de las relaciones con Israel —en el marco del genocidio y la expansión colonialista israelí en Palestina y en la Franja de Gaza— no puede ser desligado de su política de ocupación en el Sáhara Occidental.

Esta alianza no solo legitima su política expansionista, sino que contribuye a consolidar una arquitectura geopolítica que sustituye la justicia internacional por la realpolitik de acuerdos bilaterales funcionales a los intereses occidentales.

Sáhara Occidental y Palestina: dos luchas inseparables

Las causas saharaui y palestina son indisociables. Ambas representan luchas anticoloniales por la autodeterminación frente a ocupaciones ilegales y violaciones flagrantes del derecho internacional. Comparten un origen estructural común: la negación del derecho internacional por potencias hegemónicas y sus aliados.

La defensa conjunta de Palestina y del Sáhara Occidental no es un gesto retórico: es una necesidad estratégica para sostener la legitimidad universal de las demandas de ambos pueblos, tal como hemos reafirmado en múltiples análisis y entrevistas.[6]

Este paralelismo demuestra que cualquier negociación que no reconozca la raíz colonial del conflicto saharaui —igual que en Palestina— corre el riesgo de reproducir dinámicas de cooptación imperial que históricamente han debilitado los procesos de emancipación.

Conclusión: conversar puede ser táctica; pactar sería capitular

En tiempos de ofensiva imperialista contra el multilateralismo, el derecho internacional y los pueblos oprimidos, la diplomacia no es neutral. Puede ser un campo de disputa, pero en manos del imperialismo se transforma en un instrumento de subordinación.

Cualquier conversación impulsada bajo el patrocinio de Estados Unidos —potencia que ha reconocido la anexión marroquí del Sáhara Occidental— no debe ser leída como un gesto de paz, sino como parte de una estrategia mayor de imposición neocolonial.

La autodeterminación no se negocia como mercancía.
La independencia no se intercambia por una autonomía administrada.
La justicia no puede nacer de una mesa diseñada por el ocupante.

Conversar puede ser necesario y parte de la táctica. Pero en este contexto de correlación de fuerzas adverso para el derecho a la autodeterminación de los pueblos, pactar sería capitular.

En el Sáhara Occidental, capitular significaría legitimar el colonialismo en pleno siglo XXI.

Y cuando el imperialismo convoca a dialogar, casi siempre lo hace para imponer.
Cuando ofrece “soluciones”, casi siempre es para perpetuar la ocupación.

Porque la paz verdadera no se construye sobre la renuncia del colonizado, sino sobre el triunfo del derecho de los pueblos a existir, resistir y decidir.

Notas y referencias

[1] Négociation directes Polisario-Maroc: Premier round prévu dimanche à l’ambassade US d’Espagne. OPR News (enero 2026).
[2] “Trump y la demolición del multilateralismo y del derecho internacional: imperialismo y falsa desconexión”. CLATE (enero 2026).
[3] Guerras híbridas y la continuidad del imperialismo neocolonial: de Guatemala y Chile a Venezuela, Palestina, Sahara Occidental y Cuba. InfosurGlobal (2025).
[4] Monarquía marroquí: pilar del imperialismo mundial. InfosurGlobal (2025).
[5] Trump contra el planeta: esto apenas está comenzando. Sergio Rodríguez Gelfenstein, InfosurGlobal (2025).
[6] Entrevista/ Esteban Silva Cuadra: “Las causas saharaui y palestina son indisociables”. InfosurGlobal (2025).
[7] Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Resolución 2797 sobre el Sáhara Occidental, adoptada el 31 de octubre de 2025, patrocinada por Estados Unidos.

Infosurglobal
7 de febrero 2026

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