
Arturo Alejandro Muñoz
¿Qué es una ‘dictadura’?, ‘¿de dónde procede ese término?
Nació en Roma, durante la República, y era en realidad un cargo político. Dictator se le llamaba.
El cargo de dictator en la República Romana nació en el año 501 a.C y fue creado como una magistratura extraordinaria y temporal, con una duración máxima de seis meses, destinada a resolver crisis graves
Julio César ostentó ese cargo, otorgado por el senado romano en los últimos meses de la república, a la cual –después del asesinato de César- le siguió el Imperio y los emperadores, siendo el primero de ellos, Octavio, u Octaviano, o Augusto.
Si necesitamos las fuentes históricas para tener al menos una somera idea de cuál era el objetivo que tuvieron los senadores para crear ese cargo, debemos recurrir a Tito Livio, quien manifestaba que el cargo en cuestión se instituyó para manejar emergencias militares o crisis internas.
Aunque inicialmente era un cargo de emergencia, siglos después fue desvirtuado por personajes como Lucius Sila y Julio César, quienes lo ejercieron por períodos prolongados o de forma vitalicia.
Pasaron los siglos y en muchas naciones del planeta se instauraron dictaduras violentas y criminales bajo el pretexto de “proteger al pueblo”, o de “defender el país”. Pero, casi todas ellas hicieron exactamente lo contrario; reprimieron bestialmente al pueblo y entregaron a manos extranjeras los recursos naturales de su país.
Así ocurrió en nuestro querido subcontinente sudamericano durante el siglo pasado (siglo veinte, cambalache, como reza el tango compuesto por Enrique Santos Discépolo el año 1934).
A continuación, el lector encontrará un listado de algunas dictaduras que vivieron países sudamericanos… parecen ser las principales, las más destacadas…tal vez las más violentas, y todas ellas contaron con el aliento y el apoyo de los gobiernos de EEUU.
Partiremos por casa.
1-Dictadura militar en Chile
El 11 de septiembre de 1973 la Junta Militar chilena se toma el poder tras un golpe de estado al que fuera presidente en ese momento, Salvador Allende.
Luego de un feroz ataque al Palacio de la Moneda, la Junta militar, liderada por Augusto Pinochet, decide clausurar el Congreso, dar un receso a los partidos políticos y proclama el Estado de Sitio en todo el territorio.
Entre 1973 y 1978, la dictadura le quitó la función legislativa al Congreso y quedó investida de las potestades constituyentes, que fueron ejercidas mediante decretos. Algunas de las acciones que caracterizaron este periodo en Chile fueron los múltiples atropellos y abusos a las libertades sociales y los Derechos Humanos.
Miles de chilenos fueron detenidos, torturados, allanados, desaparecidos y asesinados, por simpatizar con partidos de izquierda o simplemente por ser opositores a la tiranía militar. Este hecho también generó el éxodo de millones de personas. La historia recuerda a este periodo en la historia de Chile con más de tres mil muertos, 38 mil personas torturadas y 1.190 desaparecidas.
Quienes aún celebran el gobierno dictatorial de Pinochet, aducen motivos económicos y de crecimiento industrial.
El 14 de diciembre de 1989, Patricio Aylwin, miembro del movimiento Concertación de Partidos por la Democracia, ganó las elecciones con un 55% de los votos, sobre Hernán Buchi y Francisco Javier Errázuriz, poniendo fin al régimen militar.
Pinochet murió en 2006 por deficiencias cardiacas, sin embargo, dejó abierto un expediente con más de 300 cargos en su contra.
2-Marcos Pérez Jiménez (Venezuela)
Marcos Pérez Jiménez fue un militar y político venezolano que gobernó Venezuela desde 1952 hasta 1958, instaurando una dictadura que se caracterizó por la represión política y la violación sistemática de derechos humanos.
Su régimen se basó en el control autoritario de las instituciones y la eliminación de cualquier forma de oposición, utilizando la violencia y el miedo para mantener el poder.
Implementó políticas de modernización y desarrollo económico, pero su régimen se vio empañado por la represión de opositores y la censura de medios de comunicación.
Durante su gobierno, Pérez Jiménez utilizó la censura de medios de comunicación y la persecución de líderes políticos y sociales para silenciar a la oposición. La represión se extendió a todos los niveles de la sociedad, con detenciones arbitrarias y torturas de aquellos considerados una amenaza para el régimen. Estas tácticas autoritarias generaron un clima de tensión y descontento en el país, debilitando la legitimidad de su gobierno.
En 1958, un golpe de Estado puso fin a la dictadura de Pérez Jiménez, marcando el inicio de un nuevo capítulo en la historia de Venezuela.
La dictadura de Pérez Jiménez dejó una huella duradera en la política y la sociedad venezolana, marcada por la represión y la violación de derechos humanos.
3-Dictadura militar en Argentina
Jorge Rafael Videla, general argentino, lideró una las épocas más sangrientas en la historia de ese país y de la región. El 24 de marzo de 1976, Videla derrocó el gobierno de ‘Isabelita’ de Perón y comenzó una época manchada por desapariciones forzadas, asesinatos, torturas y represiones a los partidos de oposición.
Lo que se conoció como “Proceso de reorganización” dejó en el camino la clausura del Parlamento, censura a los partidos políticos y ataques a miembros de sindicatos.
Cifras oficiales dicen que las desapariciones de personas fueron más de ocho mil, pero organizaciones de derechos humanos calculan que fueron sobre 30 mil.
En 1983, en el final de su dictadura, se le juzgó por privaciones ilegales de libertad, tortura y asesinatos. Videla cumplió únicamente cinco años de esa condena, ya que en 1990 un indulto presidencial firmado por Carlos Menem, entonces presidente de Argentina, permitió su excarcelación.
Videla contó con la ayuda del gobierno de Estados Unidos en su intento por parar la influencia del comunismo. El dictador argentino falleció encarcelado en 2013 a los 87 años de edad.
4- Dictadura militar en Paraguay
El general Alfredo Stroessner comandó la dictadura militar más larga en América del Sur. Durante 35 años, en lo que se conoció como el “Stronato”, se cometieron cientos de violaciones a los Derechos Humanos y se persiguió a la oposición.
Cifras oficiales calculan que hubo un total de 20.090 víctimas directas de violaciones de derechos humanos, y 107.987 víctimas indirectas. También alentado por el apoyo de Estados Unidos, Stroessner impulsó una modificación de la Constitución de Paraguay que permitió su reelección indefinida.
Sin embargo, en 1989, su hombre de confianza, Andrés Rodríguez, le dio un golpe de estado que lo obligó al exilio en Brasil donde murió en el 2006.
Stroessner nunca rindió cuentas por las innumerables violaciones a los Derechos Humanos y asesinatos, tampoco nadie ha sido procesado por los casos de torturas.
5- La dictadura brasileña
El golpe de Estado en Brasil fue el primero de la región que inició el ciclo de dictaduras de seguridad nacional.
Brasil, luego del golpe de Estado, transformó su estructura represiva según los principios de la seguridad nacional.
Lo primero que se hizo fue reestructurar y militarizar a las Direcciones de Orden Político y Social (DOPS) y sus brazos operativos, las Secciones de Orden Público (SOPS), que ya existían.
A objeto de racionalizar la represión, en 1964 se creó el Servicio Nacional de Informaciones (SIN), con la función de centralizar y planificar la represión. Dentro del nuevo esquema, las DOPS adquirieron un papel más operacional y represivo. En paralelo, las Fuerzas Armadas mantuvieron sus propios servicios de inteligencia, que actuaban coordinadamente.
En 1970, luego de la puesta en marcha de la Operación Bandeirantes, una forma más de la práctica de la represión, se crearon los Centros de Operaciones de Defensa Interna/ Destacamentos de Operaciones internas (CODI/DOI). Se trataba de espacios de coordinación, bajo mando único de representantes de las fuerzas militares y de seguridad que actuaban contra la “subversión”, tanto la interna, como de los extranjeros que se encontraban en Brasil.
En Brasil, los ciclos represivos estuvieron signados por los llamados Actos Institucionales. El primer ciclo represivo de importancia se produjo entre 1964 y 1966, durante la dictadura de Castelo Branco. El segundo se desarrolló entre 1968 y 1974, y se inició con la promulgación del Acto Institucional 5, que dio origen al período de mayor represión en el país, tanto es así, que a este período los brasileños lo llaman “años de plomo”.
Como contracara, el aumento de la represión dio lugar a que muchos jóvenes pasaran a formar parte de grupos que optaban por la acción directa, generando una espiral de acción-reacción. El punto de máxima tensión de la represión en Brasil fue la emprendida contra la guerrilla de Araguaia, en 1972.
El modelo brasileño se basó en la represión selectiva, el uso generalizado de la tortura y la prisión política. Por primera vez en Sudamérica, se planificó y llevó a cabo una política oficial de exterminio, desaparición forzada y masiva de personas.
6- Alberto Fujimori (Perú)
Alberto Fujimori fue un político peruano que gobernó Perú desde 1990 hasta 2000, instaurando una dictadura que se caracterizó por el autogolpe de Estado y la violación sistemática de derechos humanos.
Su régimen se basó en el control autoritario de las instituciones y la eliminación de cualquier forma de oposición, utilizando la violencia y el miedo para mantener el poder. Implementó políticas económicas neoliberales que estabilizaron la economía, pero a costa de la represión política y la corrupción.
En 2000, Fujimori fue destituido tras un escándalo de corrupción, marcando el inicio de un nuevo capítulo en la historia de Perú. A pesar de su breve mandato, el legado de Fujimori sigue siendo un tema de reflexión en la historia peruana, reflejando las tensiones entre el autoritarismo y la democracia en América Latina.
La dictadura de Fujimori dejó una huella duradera en la política y la sociedad peruana, marcada por la represión y la corrupción.
8-Guillermo Rodríguez Lara (Ecuador)
Guillermo Rodríguez Lara fue un militar ecuatoriano que asumió el poder en 1972 tras un golpe de Estado que derrocó al presidente José María Velasco Ibarra.
Su régimen se caracterizó por la implementación de un estado de sitio que suspendió las libertades civiles y políticas, utilizando la represión como herramienta para mantener el control. Rodríguez Lara prometió un gobierno nacionalista y revolucionario, aprovechando la bonanza económica derivada de las exportaciones de petróleo.
Durante su gobierno, Rodríguez Lara implementó políticas de desarrollo económico y modernización, pero su régimen se vio empañado por la represión de opositores y la censura de medios de comunicación. La suspensión de derechos fundamentales y la persecución de líderes políticos y sociales generaron un clima de tensión y descontento en el país. Estas medidas autoritarias socavaron la legitimidad de su gobierno.
En 1976, fue depuesto pacíficamente por una Junta Militar, marcando el fin de su dictadura y el inicio de un proceso de transición hacia la democracia.
A pesar de sus intentos por modernizar el país, su régimen dejó un legado de represión y violaciones de derechos humanos que sigue siendo tema de reflexión en la historia ecuatoriana.
La dictadura de Rodríguez Lara refleja las tensiones entre el desarrollo económico y la represión política en América Latina.
Consideraciones finales
Estos regímenes autoritarios se caracterizaron por la represión sistemática de derechos humanos, la censura de medios de comunicación y la persecución de líderes políticos y sociales. La violencia y el miedo se convirtieron en herramientas para mantener el control, generando un clima de tensión e incertidumbre en la sociedad.
El impacto social de las dictaduras se reflejó en el aumento de la pobreza y la desigualdad, exacerbando las tensiones sociales y económicas en la región. La corrupción y el saqueo de recursos por parte de los regímenes autoritarios contribuyeron a la degradación de las instituciones y al debilitamiento del estado de derecho. Estas condiciones generaron un clima de descontento y resistencia, que culminó en la caída de muchos de estos regímenes en la década de 1980.
La transición hacia la democracia fue un proceso largo y complejo, marcado por la necesidad de reconciliación y justicia para las víctimas de la represión.
Aún no se conoce en Sudamérica una dictadura que sea eterna, todas al final concluyen en democracias (algunas bastante débiles e imperfectas), pero que toman como referencia el hombre y sus derechos, cuestión que las dictaduras ignoran y combaten, aplastan y degüellan.
La pregunta relevante es: ¿tiene sentido recuperar la memoria de aquello que su recuerdo a muchos avergüenza, o es preferible olvidar? ¿Se puede construir el futuro de un país sobre el olvido del pasado?
La respuesta es sólidamente negativa. Conocer el pasado no solo es un derecho individual y colectivo, recuperar la memoria es una obligación que fortalece y da solidez al presente.
Se debe tener conciencia que el contenido de las leyes constituye también un límite al poder del Estado y es la mejor garantía del ciudadano, ya que las leyes tienen que ser obra de un poder democráticamente legitimado, el que a su vez está condicionado (en un mundo globalizado) por principios y valores que millones de personas no pueden ni deben dejar de recordar.
Teniendo presente todo lo dicho en estas líneas es posible hacer efectivo el irrenunciable “Nunca Más”.