Ante un mundo complejo y en riesgo, Moscú busca articular a la izquierda global

“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.
Arturo Alejandro Muñoz
Aquí están los de ayer…brazo con brazo junto a los de hoy. Es el mismo pueblo, la misma lucha. Poco ha cambiado política y socialmente el país en los últimos 50 años. Si recordamos la letra de aquella hermosa canción interpretada por Illapu llamada ‘Vuelvo’, encontraremos una nueva ratificación a lo dicho. “Bajo el rostro nuevo de cemento, Vive el mismo pueblo de hace tiempo, Esperando siguen los hambrientos, Mas justicia menos monumentos>>.
Y si parafraseamos a Neruda pensando en la Democracia Cristiana, colegiremos que se equivocó el vate al escribir “los de ayer ya no somos los mismos”, pues la DC sigue siendo exactamente la misma de las décadas del 60 y el 70. Quizás, don Pablo se refería a la gente de su partido, los comunistas, y a sus socios históricos, los socialistas, quienes efectivamente no son los mismos de ayer; pues hoy se alinean en la vereda de los administradores del sistema neoliberal salvaje junto a quienes lo impusieron a sangre y fuego.
“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”. Cuánta razón tenía Salvador Allende, pues muchas de las demandas que actualmente impetran millones de chilenos a través de movilizaciones históricas y protestas masivas, corresponden a las mismas que proponía el gobierno del doctor socialista al inicio de la década de 1970, las cuales fueron barridas a balazos y bayonetazos por la dictadura.
“Yo pisaré las calles nuevamente”, cantó Pablo Milanés a Santiago de Chile. Era el homenaje a un presidente mártir y a un pueblo heroico que resistía sin armas, sin helicópteros artillados, sin centrales de tortura, solo con sus manos, sus voces y su solidaridad. Pocos en la derecha y en las cofradías megaempresariales creyeron que la letra de esa canción podía concretarse…pero ella lo hizo. El pueblo volvió a pisar las calles una vez más, las viejas demandas (que son nuevas a fuerza de necesidad de serlo) siguen presentes y cada vez con mayor fuerza y en mayor número.
La cuestión es, amable lector, que el salvajismo de las bestias uniformadas que destrozaron Chile entre 1973 y 1990, parece haber sido heredado a ciertos politicastros ultraderechistas que se pasean por nuestras calles e instituciones argumentando ‘defender la democracia’, para lo cual proponen golpizas, baleos y violaciones a quienes osen alzar la voz exigiendo cumplimiento de demandas aceptadas masivamente por el pueblo.
Durante la dictadura militar se disparó y se asesinó a miles de personas procurando instalar a golpe de bayoneta un sistema político y económico que satisficiera exclusivamente a los dueños del capital, y que a la vez contara con la silente aceptación de las mayorías. Pasaron las décadas y ha quedado demostrado que los criminales de ayer fracasaron en su intento, pese a que algunos de sus vástagos cuentan con el inefable apoyo de políticos que desprecian la democracia y que se han enquistado en el Ejecutivo y en el Legislativo.
Pero, bien lo había dicho Salvador Allende: “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.
Hace ya un tiempo, conocimos los resultados de la Encuesta Mori-Fiel, financiada por Fundación Friedrich Ebert (la más grande y más antigua de las fundaciones políticas alemanas, creada por el Partido Socialdemócrata Alemán y que se dedica a promover la socialdemocracia, según Wikipedia),
El estudio Mori-Field revelaba el año 2020 que un 68% apoyaba la democracia y 15% estaba satisfecho con ella. Pero había una sensación ambiente de insatisfacción, y una demanda de más y mejor democracia, con un segmento amplio de “demócratas insatisfechos”. En tanto, un 16% se inclinaba por la opción de que “en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático”. ¿Ha cambiado todo ello tan sólo cinco años?
La sensación de abusos está instalada en el país, dado que en la consulta “¿diría usted que está muy satisfecho, más bien satisfecho, no muy satisfecho o nada satisfecho con el funcionamiento de la democracia en Chile?”, un 90% cree que no hay igualdad ante la ley. Asimismo, un 83% señala que se gobierna para los grupos poderosos.
Hay además algunos datos preocupantes que silguen vigentes. “La pérdida de autoridad del Estado es tan profunda que hay niveles altos de aprobación a protestas ilegales: cortar el tránsito 48%, hacer barricadas 33%, atacar a carabineros 16%. Estas son las que obtienen mayor aprobación. Al mismo tiempo, la aprobación de las acciones de la autoridad es baja. Sólo el 29% aprueba el uso del carro lanza agua, además no hay reconocimiento a la autoridad.
Esa es la realidad, sin embargo, algunos tozudos clasistas decimonónicos insisten en torcerla, y se esfuerzan en ello, en desconocer la voluntad de las mayorías e intentar a todo trance imponer la propia, la predadora. No les está yendo bien, sin duda. Las encuestas de opinión así lo demuestran. Ni siquiera el apoyo recibido por parte de algunos ‘representantes del pueblo’ en el Congreso ha sido suficiente para retornar al ‘respetable público’ a las mazmorras del silencio y aceptación sumisa.
Entonces, los vástagos de la brutalidad y expoliación de ayer regresan –o pretenden regresar- a las andadas de sus maestros en violencia. Y se esfuerzan en ello, claro que sí, ya que algunos tienen experiencia personal conseguida en el ayer cercano.
¿Por ahí va el deseo de algunos derechistas y fascistas ‘republicanos’ prohijados por ese asfixiante pasado? Una vez más, serán derrotados por la Historia. Lo dijimos al iniciar estas líneas: aquí están los de ayer…brazo con brazo junto a los de hoy. Es el mismo pueblo, la misma lucha.