«Guerras híbridas y la continuidad del imperialismo neocolonial».De Guatemala y Chile a Venezuela,Palestina, Sáhara Occidental y Cuba.

 «Guerras híbridas y la continuidad del imperialismo neocolonial».De Guatemala y Chile a Venezuela,Palestina, Sáhara Occidental y Cuba.

Guerras híbridas y la continuidad del imperialismo neocolonial.
De Guatemala y Chile a Venezuela, Palestina, Sáhara Occidental y Cuba

🟥 Infosurglobal | Análisis editorial

La historia no se repite de manera mecánica, pero el imperialismo sí persevera en sus métodos, adaptándolos a cada época. Lo que en Guatemala (1954) y Chile (1973) se expresó como cambio de régimen encubierto, hoy reaparece en la República Bolivariana de Venezuela, Palestina y Cuba bajo la forma más sofisticada y peligrosa de guerras híbridas permanentes.

Tal como se explica de manera rigurosa en la documentada investigación del libro Covert Regime Change: America’s Secret Cold War, de Lindsey A. O’Rourke (1)(publicado en inglés por Cornell University Press, 2018), estas prácticas no fueron desviaciones coyunturales de la política exterior estadounidense, sino una doctrina estructural, diseñada para destruir procesos soberanos sin asumir el costo político de la guerra abierta.

De los golpes clásicos a la guerra total sin declaración
Guatemala y Chile enseñaron una lección decisiva al poder imperial: no siempre es necesario invadir; basta con desestabilizar, asfixiar, aislar y quebrar la voluntad colectiva.
En Guatemala, el derrocamiento de Jacobo Árbenz inauguró la pedagogía del miedo: propaganda, guerra psicológica y manipulación diplomática.
En Chile, el golpe contra el presidente Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular perfeccionó el método: sabotaje económico, bloqueo financiero, cerco mediático y traición interna.
Hoy, ese libreto se aplica sin interrupción contra países que se niegan a someterse.


Venezuela: laboratorio contemporáneo de la guerra híbrida.
Contra la República Bolivariana de Venezuela, el imperialismo ha desplegado una guerra integral: sanciones criminales, bloqueo financiero, confiscación de activos, guerra jurídica y operaciones psicológicas de gran escala contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro Moros.
El objetivo no es solo cambiar un gobierno, sino hacer inviable la soberanía, provocar desesperación social y presentar el colapso inducido como “fracaso interno”. Es la misma lógica aplicada ayer en Chile, hoy amplificada por el poder financiero y mediático global.
Sin embargo, en el caso de Venezuela, la administración de Donald Trump viene de traspasar todas las líneas rojas de la guerra híbrida operada por los poderes imperiales, al atacar militarmente a Venezuela y secuestrar en Caracas al presidente constitucional Nicolás Maduro y a la primera dama, abogada y diputada Cilia Flores, llevándolos por la fuerza como prisioneros de una guerra no declarada al territorio norteamericano.
Ante sus captores, en el inicio de un juicio montado para intentar justificar ante la opinión pública estadounidense el secuestro forzado del presidente venezolano en la ciudad de Nueva York, el presidente Nicolás Maduro ha reafirmado su calidad de Jefe de Estado de la República Bolivariana de Venezuela como prisionero de guerra, invocando la Convención de Ginebra (III Convenio de Ginebra del 12 de agosto de 1949), relativa al trato debido a los prisioneros de guerra, que forma parte del derecho internacional humanitario.
Palestina: la guerra híbrida llevada al exterminio y al genocidio
En Palestina, la guerra híbrida adquiere su forma más brutal. Allí, al bloqueo económico, la deshumanización mediática y la negación del derecho internacional, se suma la violencia militar directa, con apoyo político y diplomático irrestricto de Estados Unidos.
Palestina revela la verdad que el discurso occidental intenta ocultar: cuando la guerra híbrida no logra someter, el imperialismo no duda en recurrir al genocidio, como el que perpetra el gobierno de extrema derecha sionista de Benjamín Netanyahu.
Cuba: seis décadas de asfixia como política de Estado
Cuba es el ejemplo histórico más prolongado de guerra híbrida: bloqueo económico, financiero y tecnológico, sabotaje, guerra cultural y mediática.
El bloqueo no es un “residuo de la Guerra Fría”, sino una política activa de castigo colectivo, destinada a hacer de la vida cotidiana un campo de batalla.
Cuba demuestra que resistir es posible, pero también que el costo humano de la agresión imperial es deliberadamente alto.

El Sáhara Occidental: cuando la guerra híbrida se convierte en veto colonial y neocolonial
El caso del Sáhara Occidental es revelador. Allí no se busca cambiar un gobierno, sino impedir que exista un Estado independiente.
La decisión de Donald Trump de reconocer la soberanía de la monarquía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental constituye un acto explícito de guerra política contra el derecho internacional y contra el derecho a la descolonización, la autodeterminación y la independencia del pueblo saharaui.
Con ese gesto, Washington:
violó resoluciones de la ONU;
desconoció el derecho del pueblo saharaui a un referéndum de autodeterminación;
y legitimó la ocupación colonial marroquí a cambio de alianzas geopolíticas, económicas y militares.
Aquí, la guerra híbrida adopta una forma particularmente cínica: el veto diplomático imperial, junto a sus aliados subordinados occidentales —como Francia y la Unión Europea—, congela toda posibilidad de concretar las resoluciones de descolonización y autodeterminación del pueblo saharaui, restaura la impunidad y convierte la injusticia y la ocupación colonial por la fuerza de un territorio en un “hecho consumado”.

Argelia: memoria viva contra el neocolonialismo
La experiencia de Argelia aporta una enseñanza clave: sin memoria histórica no hay soberanía duradera.
Argelia enfrentó la colonización directa, la guerra de liberación y luego el neocolonialismo económico y político de Francia, país integrante de la OTAN y aliado central de Estados Unidos en Europa.
Hoy, al criminalizar el colonialismo francés mediante una ley aprobada recientemente de manera unánime por la Asamblea Popular Nacional de Argelia, reafirma que la historia no se negocia y que la descolonización debe ser también cultural, jurídica, económica y geopolítica.
Una misma guerra, múltiples frentes
Venezuela, Palestina, Cuba y Argelia no son conflictos aislados. Son frentes distintos de una misma guerra mundial no declarada contra los pueblos que defienden:
su soberanía;
el control de sus recursos;
y el derecho a elegir su propio camino.
Guatemala y Chile, en América Latina y el Caribe, nos enseñaron que el imperialismo puede ganar batallas inmediatas, pero pierde en legitimidad histórica. Las guerras híbridas actuales confirman esa tendencia: cuanto más se aferran al castigo y la coerción, más desnuda queda su lógica colonial.
Cierre editorial
Hoy, como ayer, la neutralidad no existe.
O se está del lado del derecho internacional, de la autodeterminación, del derecho al desarrollo con soberanía y de la dignidad de los pueblos,
o se es cómplice —por acción u omisión— del imperialismo neocolonial en su fase más agresiva.
La solidaridad internacionalista ya no es solo un principio moral:
es una necesidad política y civilizatoria.
6 de enero de 2025

Nota bibliográfica:
(1) O’Rourke, Lindsey A. (2018). Covert Regime Change: America’s Secret Cold War. Ithaca y Londres: Cornell University Press.

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