Pueblos indígenas convocan a cumbre internacional en México sobre la Doctrina del Descubrimiento

Doloroso pero cierto. Ha sido tan inoperante y ausente la actual CUT, que la mayoría de los trabajadores no sabe cuáles son los nombres de sus dirigentes
El miedo a la libertad (asunto sobre el cual escribió de manera brillante Erich Fromm) ha alcanzado su expresión máxima en nuestro país, no solamente en algunas tiendas políticas otrora izquierdistas y hoy entregadas a los aromas del aceite neoliberal, sino, también, en la mismísima principal organización de los trabajadores de Chile, la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), organización que ha arriado las banderas que les fueron entregadas por los trabajadores en calidad de préstamo y representación, dejando campo libre al avance sin contención de poderosos grupos económicos dispuestos a transformar nuestro país en una especie de “far-west” empresarial, donde el más fuerte (léase ‘más rico’) impone los términos de la convivencia.
Hoy, el sindicalismo prácticamente no existe en Chile. No posee peso específico y ningún sector de la vida nacional lo considera medianamente significativo. Y eso es responsabilidad exclusiva de las últimas directivas CUT y de sus patrones ‘progresistas’ entregados a los intereses económicos y laborales de la derecha neoliberal.
Y si lo anterior no es ‘incapacidad’ de los dirigentes, entonces se trata, simplemente, de traición a las bases, a la historia y a las luchas del sindicalismo chileno que tuvo momentos gloriosos con la FOCH, la CTCH, la vieja CUT y el Comando Nacional de Trabajadores.
Por cierto, los actuales dirigentes negarán estas afirmaciones. Quizá sea sólo palabra contra palabra…pero esta nota es opinión basada en hechos acontecidos en el pasado cercano, y que hoy estructuran un oscuro presente para los trabajadores. Mucha agua turbia ha corrido bajo los puentes del sindicalismo desde el año 1987 al día de hoy.
Entre esa fecha y hoy, falleció el tripartismo laboral. Entre una y otra fecha se asfixió la historia del sindicalismo, y se ahogó la presión que el mundo del trabajo sabía plantearle a los gobiernos de turno, siempre en beneficio de la dignidad laboral y de mejoras salariales que -se supone a través de Negociaciones Colectivas (hoy en absoluta retirada)- permitían estrechar la brecha económica y mejorar la distribución del ingreso. Si nos basamos en los hechos concretos más allá de los discursos, la actual CUT nunca movió un dedo por ello.
Muerto Clotario Blest, muerto Luis Figueroa, muerto aquel valiente batallador Manuel Bustos Huerta, la CUT deambuló del entreguismo a la nada misma, que es lo que hoy representa en el concierto nacional gracias a la meliflua administración de una directiva que pretende actuar con ’academicismo político’, pero en honor a la verdad lo hace sólo con pusilanimidad tal, que incluso arranca aplausos de la parte patronal.
Recordemos que la directiva que el año 2019 encabezaba la locuaz y discursiva Bárbara Figueroa brilló por su ausencia durante las jornadas del estallido social. Al parecer, no le agradaba que fuera el pueblo unido, sin partidos, quien llevara las banderas y planteara las demandas. Lo mismo sucedió con la CTC (Confederación de Trabajadores del Cobre). Un mutismo que indignó al respetable. Es que ambos, CUT y CTC, sentíanse miembros de la aristocracia del sindicalismo planetario y estar muy por encima de federaciones y sindicatos de variopintas áreas de la producción de bienes y servicios.
Las últimas directivas tampoco han extremado sus esfuerzos en cuanto a acosar a los gobiernos que incumplen vergonzosamente los acuerdos firmados por el estado chileno en la OIT. Ellas han optado por soslayar el “tripartismo laboral”, permitiendo a los diferentes ministros de la cartera desprenderse de tales acuerdos, metiéndose en el bolsillo las recomendaciones protocolizadas oficialmente por el estado con la Organización Internacional del Trabajo.
Con este gobierno ultraderechista, hoy, y quizás más que ayer, se requiere la presencia y actividad de la Central Unitaria de Trabajadores, ya que para millones de chilenos resulta imperioso contar con su liderazgo y sus propuestas. Es imprescindible –para los trabajadores y para el pueblo en general- constatar que cuentan con representación y defensa ante el avance arrollador y predador de la indiscutible alianza empresarios-estado, a la cual se han unido algunos partidos políticos ‘progresistas’ que engatusan a la gente diciendo ser opositores al actual gobierno, pero en la estricta realidad son socios activos del sistema neoliberal salvaje.
Este 1 de mayo será un día triste para los trabajadores, pero también puede (y debería) ser el despertar de una CUT que ha estado demasiado tiempo adormecida por el dolce far niente que sus dirigentes atesoran con una porfía que aterra. Este 1 de mayo debe ser el momento propicio para retomar las luchas que el sindicalismo ha venido dando desde hace muchos años, debe ser la coyuntura para lograr la unidad en la acción junto a otras organizaciones laborales, poblacionales, estudiantiles, gremiales.
La CUT ya no es esa organización que fundara Clotario Blest, ni tampoco aquella que ayudara a estructurar Manuel Bustos…ella está al debe, y lo sabe. Es momento de reconocer pecados y falencias, e izar nuevamente las históricas banderas del sindicalismo.
Lo dicho, hoy más que ayer la presencia y trabajo activo de organizaciones como la CUT son vitales en la defensa no sólo de los trabajadores sindicalizados, sino de todos los habitantes del país.
Chile y el mundo se encuentran en una situación de gravedad innegable, ya que este actual gobierno neofascista administra maquiavélicamente el temor que tiene la población por su seguridad, al colocarla como “culpable principal” del actual estado de cosas en el país. De esa forma, este gobierno patronal pretende aplacar futuras manifestaciones y movilizaciones populares que demandarían cambios profundos en lo laboral y en lo económico.
La CUT lo sabe, ¿y una vez más no hará nada al respecto?