¿Quién gobierna en Chile? ¿Quién dirige realmente los destinos de esta nación?

Arturo Alejandro Muñoz
Pocos días han transcurrido desde el triunfo electoral del ultraderechista José Antonio Kast y ya se registran volteretas importantes en su discurso, borrando, o dejando en penumbras, algunas de sus más fieras promesas hechas en campaña.
Ahora, en su lenguajeo ante la prensa, las palabras “depende”, “tal vez” y “proceso largo” son las más utilizadas por el presidente electo. Ya no hay seguridad ni solidez en sus afirmaciones de ayer. Penumbras, nada más. “Conversaré con Michelle Bachelet a quien le pediré consejos”. Como los que recibió del expresidente Frei Ruiz-Tagle.
Podría decirse que esa frase que reza “otra cosa es con guitarra” ya está haciendo efecto en el próximo mandatario, pero en esencia, en estricta verdad, la cuestión principal en este escenario es y ha sido desde hace décadas una sola, la misma, la imbatible: el sistema neoliberal salvaje no se toca, no se cambia, no se ataca. He ahí el quid del asunto. Es dable presumir que J.A.Kast no emite juicios definitivos, pues está a la espera de instrucciones procedentes de quienes realmente dirigen y mandan en Chile.
Es muy cierto e indesmentible que desde septiembre de 1973 han sido las megaempresas nacionales e internacionales quienes ordenan y dirigen la economía chilena…y no sólo la economía, también dirigen la prensa, la justicia, las fuerzas armadas y policiales, la educación superior, la postura de Chile en el ámbito internacional, la banca, y por cierto, la judicatura y también el poder legislativo.
No es una osadía ni está alejado de la realidad afirmar que en todos esos vitales asuntos las decisiones finales no las toma el gobierno de turno, ni menos aún el pueblo…sino que están en manos de los megaempresarios, principalmente aquellos que poseen y dirigen empresas internacionales.
Lo anterior tiene nombres, por cierto, y para confirmarlo basta recordar a las grandes mineras, las empresas sanitarias, papeleras, telefonía, puertos, pesqueras, previsionales, bancarias, etc., todas ellas, en gran medida, reunidas y cobijadas en organizaciones patronales como la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), la Cámara Nacional de Comercio (CNC)y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), y en gremios como la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), la Cámara Chilena de la Construcción (CChC) y la Asociación de Exportadores de Chile (ASOEX), entre otras de menor rango pero igualmente relevantes.
En estas últimas doce líneas, usted, querido lector, encontrará al verdadero “primer mandatario” de Chile, el que no es una persona individual, sino una especie de confederación de poderosas empresas con intereses que van mucho más allá de los que la ciudadanía sufragó para el bienestar de su amada nación.
Lo dicho, no importa quien gobierne, pues, en lo esencial y vital para el país “el sistema neoliberal salvaje” no se toca. Para ello esas terroríficas megaempresas mueven todos sus resortes, todos sus yanaconas…desde la banca hasta el Congreso, cruzando por la ‘prensa canalla’ y, ya se sabe, por sus tiendas partidistas que le otorgan a esta oculta dictadura un falaz símil de lógica democrática.
Todos sabemos que es así como se mueve la “política” en Chile. El año 1972, el presidente Salvador Allende, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, en un brillante y sólido discurso, afirmó:
<<Estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones y los Estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales –políticas, económicas y militares– por organizaciones globales que no dependen de ningún Estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo. En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada>>
Y el inolvidable expresidente chileno, agregó lo que era sin duda una correcta anticipación de lo que sucedería una década más tarde:
<<Pero las grandes empresas transnacionales no solo atentan contra los intereses genuinos de los países en desarrollo, sino que su acción avasalladora e incontrolada se da también en los países industrializados donde se asientan. Ello ha sido denunciado en los últimos tiempos en Europa y Estados Unidos, lo que ha originado una investigación en el propio Senado norteamericano. Ante este peligro, los pueblos desarrollados no están más seguros que los subdesarrollados>>
En fin, juzgue usted querido lector. En sus manos quedan estas líneas que, ojalá, le sirvan para identificar al verdadero enemigo del pueblo y de la nación chilena.