La Cumbre de la Hipocresía: Marco Rubio, el terrorismo de Estado y la renovación de la Doctrina Monroe
La Cumbre de la Hipocresía: Marco Rubio, el terrorismo de Estado y la renovación de la Doctrina Monroe
Marco Rubio, secretario de Estado de la Administración Trump, ha convocado a 66 países a una «cumbre contra los extremistas de izquierda». Bajo el pretexto de combatir el terrorismo político, la administración estadounidense busca criminalizar la resistencia popular, la lucha por la soberanía y cualquier proyecto que cuestione el orden imperial.
La iniciativa, sin embargo, revela una profunda contradicción. ¿Con qué autoridad moral habla Rubio de terrorismo cuando su gobierno practica el terrorismo de Estado de manera sistemática?
El terrorismo de Estado estadounidense
El gobierno de Estados Unidos, que hoy se presenta como adalid de la lucha contra el terrorismo, es el mismo que:
· Asesina líderes políticos y religiosos en todo el mundo mediante operaciones encubiertas, drones y fuerzas especiales, sin juicio ni debido proceso.
· Bombardea a mansalva poblaciones civiles en países como Afganistán, Irak, Siria, Yemen y Somalia, causando cientos de miles de víctimas inocentes. En Yemen, la Administración Trump ha intensificado los ataques aéreos indiscriminados contra la población civil, destruyendo hospitales, escuelas y mercados, en una guerra que ya ha cobrado más de 150.000 vidas y ha sumido al país en la peor crisis humanitaria del mundo.
· Bombardeó una escuela primaria de niñas en la ciudad iraní de Minab el 28 de febrero de 2026, asesinando a 175 personas, en su mayoría niñas. Las investigaciones revelaron que el ataque se realizó con información de inteligencia obsoleta: el Pentágono utilizó datos de hace siete años que no identificaban el edificio como una escuela. Más de cien expertos en derecho internacional de universidades como Harvard, Yale y Stanford han advertido que este ataque «probablemente viola el derecho internacional humanitario y, si se encuentra evidencia de que los responsables actuaron con imprudencia, podría constituir un crimen de guerra».
· Ahora bombardea hospitales en Irán, cometiendo crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. El 15 de julio de 2026, múltiples proyectiles impactaron en las inmediaciones del Hospital Infantil Shahid Baghaei en Ahvaz, un centro de tratamiento oncológico para niños. Como consecuencia, 211 niños que recibían quimioterapia tuvieron que ser evacuados de urgencia. El gobierno de Irán ha denunciado formalmente estos ataques como «crímenes de guerra» ante la comunidad internacional. El Pentágono ha intentado ocultar la verdad: la investigación oficial del bombardeo a la escuela permanece congelada porque la Casa Blanca presionó a los mandos militares para no publicar conclusiones que pudieran contradecir la narrativa oficial de la Administración Trump.
· Mantiene un criminal bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba durante más de seis décadas, al que ahora se suma un cerco energético que busca asfixiar a la isla. Las sanciones energéticas impiden el acceso a combustibles y tecnologías para la generación eléctrica, afectando directamente a la población civil.
· Secuestra a un presidente en ejercicio, como Nicolás Maduro, en una violación flagrante del derecho internacional y de la soberanía de un Estado miembro de las Naciones Unidas. No solo lo secuestra: Estados Unidos ha capturado el petróleo venezolano, el principal recurso estratégico del país, y lo está comercializando como botín de guerra. El propio Donald Trump se ha ufanado públicamente de este saqueo.
· Apoya militar y financieramente el genocidio que Israel perpetra contra el pueblo palestino en Gaza, con más de 40.000 muertos, en su mayoría mujeres y niños.
· Pretende imponer la anexión del Sáhara Occidental por parte de Marruecos, desconociendo el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia, establecido en el derecho internacional y en las resoluciones de las Naciones Unidas.
· Promueve injerencias electorales para imponer candidatos afines en América Latina: desde Honduras y Argentina, hasta Colombia, Brasil, Ecuador, Chile y Perú, con operaciones que han sido documentadas en diversos países de la región.
· Ha atacado incluso al Papa León XIV, lanzando descalificaciones contra un pastor que ha denunciado las guerras, el neoliberalismo y la crisis de la humanidad.
· Financia organizaciones extremistas en Europa del Este y sectas pronazis y sionistas en América Latina, con el objetivo de desestabilizar gobiernos y movimientos sociales.
Trump, Miller y la cacería de brujas global
Donald Trump emitió una directiva presidencial, por primera vez en la historia de Estados Unidos, para perseguir a los «terroristas de izquierdas». Al frente de esta cruzada se encuentra Stephen Miller, actual subdirector del Gabinete de Políticas de Trump y asesor de Seguridad Nacional.
Miller, cuyas ideas han sido calificadas como neonazis por numerosos analistas, declaró en 2003, durante la invasión de Irak:
«La tortura es el camino a seguir. La tortura es una celebración de la vida y la humanidad. Debemos recordar esto en el siglo XXI. Se debe apreciar el valor que la tortura demuestra a otras culturas.»
Estas declaraciones revelan el perfil de quienes dirigen actualmente la política de seguridad de Estados Unidos. La directiva de Trump y las posiciones de Miller confirman que Washington ha abandonado cualquier pretensión de defensa de los derechos humanos para abrazar abiertamente la represión y la guerra contra quienes cuestionan el orden imperial.
La renovación de la Doctrina Monroe y el Plan Cóndor 2.0
Lo que Rubio y su entorno están articulando no es nuevo. Es la reedición de la Doctrina Monroe («América para los americanos», entendiendo «americanos» como estadounidenses) y del Plan Cóndor, aquella coordinación represiva de las dictaduras sudamericanas en los años 70 y 80, orquestada desde Washington para aniquilar a los movimientos populares y de izquierda.
Hoy, bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, Estados Unidos recupera su papel de gendarme del continente. La renovación de la Doctrina Monroe se manifiesta en:
· Intervenciones militares directas, como la captura de Maduro en Caracas y la apropiación de los recursos petroleros venezolanos.
· Presión sobre los sistemas judiciales de la región para perseguir a líderes progresistas mediante lawfare.
· Financiamiento de grupos de la sociedad civil alineados con los intereses de Washington.
· Campañas mediáticas para deslegitimar a los gobiernos populares y condicionar los procesos electorales.
· La imposición de soluciones coloniales en conflictos como los de Palestina y el Sáhara Occidental.
· El bombardeo indiscriminado de escuelas y hospitales en Irán.
· El uso del espionaje masivo como herramienta de control geopolítico, como revela el caso Pegasus.
La izquierda como chivo expiatorio
Rubio habla de «resentimiento ponzoñoso disfrazado de igualdad y justicia», pero omite que la igualdad y la justicia son precisamente lo que los pueblos exigen frente a décadas de explotación y dominación. La izquierda no es terrorista: es la expresión organizada de quienes se niegan a seguir siendo colonia.
Lo que realmente molesta a Washington no es la violencia, sino la autonomía. No es el terrorismo, sino la soberanía. No es el comunismo, sino la integración latinoamericana y caribeña que desafía el dominio imperial.
La Cumbre Antifa: un espejo deformante
La llamada «cumbre Antifa» refleja los propios miedos del imperio. Antifa no es una organización terrorista, sino un movimiento difuso de autodefensa ciudadana frente al fascismo que crece en las calles de Estados Unidos y Europa, impulsado precisamente por las políticas que Rubio y Trump representan.
Criminalizar la resistencia es la estrategia clásica de quienes no tienen argumentos para defender su sistema de privilegios. Es más fácil fabricar un enemigo externo que reconocer que la crisis es interna: económica, social, ambiental y moral.
Conclusión: soberanía o recolonización
La convocatoria de Rubio representa una declaración de guerra contra los pueblos que luchan por su emancipación. Es un intento de recolonizar América Latina, Europa y el mundo. El espionaje masivo, como el revelado en el caso Pegasus, es otra faceta de esa guerra: el control de las conciencias a través de la vigilancia y la represión.
Frente a esta ofensiva, desde América Latina y el Caribe se plantean respuestas claras:
· Rechazar cualquier injerencia extranjera en los asuntos internos de nuestros países.
· Fortalecer la CELAC como espacio de integración autónomo y soberano.
· Denunciar la hipocresía de un gobierno que se arroga el derecho de juzgar cuando es el principal violador de los derechos humanos y del derecho internacional.
· Exigir la liberación de Nicolás Maduro y el cese del saqueo del petróleo venezolano.
· Exigir el cese de los bombardeos contra escuelas y hospitales en Irán.
· Solidarizarse con los pueblos que resisten: Palestina, Sáhara Occidental, Cuba, Venezuela, Yemen, Irán, Nicaragua, Honduras.
· Exigir el levantamiento del bloqueo contra Cuba.
· Exigir que Estados Unidos cese su apoyo a la anexión del Sáhara Occidental.
· Exigir el cese del genocidio en Gaza.
· Defender la soberanía democrática de los pueblos latinoamericanos.
· Denunciar el financiamiento de sectas y movimientos pronazis y sionistas en la región.
· Rechazar el uso de organizaciones extremistas como instrumentos de guerra geopolítica.
· Denunciar el espionaje masivo como herramienta de control y exigir el cese de la impunidad de los regímenes que lo utilizan.
La disyuntiva sigue siendo la misma: soberanía o recolonización. La cumbre de Marco Rubio no es más que una nueva trinchera en esa agresión del imperialismo contra los pueblos soberanos.
InfoSurGlobal
Julio de 2026