LAS MÁSCARAS QUE CAEN. La estrategia marroquí y la MINURSO: hora de revisar las posiciones políticas. Por Mohamed Zrug

 LAS MÁSCARAS QUE CAEN. La estrategia  marroquí y la MINURSO: hora de revisar las posiciones políticas. Por Mohamed Zrug
LAS MÁSCARAS QUE CAEN.
La estrategia marroquí y la MINURSO: hora de revisar las posiciones políticas.


Marruecos nunca quiso que se celebrara el referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental. Es un hecho irrefutable. Su aceptación inicial de ese mecanismo no fue expresión de una voluntad sincera de respetar la decisión del pueblo saharaui, sino una maniobra para ganar tiempo, neutralizar las presiones internacionales y evitar aparecer como el principal obstáculo para la solución de un conflicto de descolonización. Los obstáculos que introdujo en el proceso son suficientemente conocidos.

Sin embargo, hay otros menos conocidos, cuyas consecuencias han tenido especial incidencia en la actitud de ciertos gobiernos en América Latina y el Caribe y en particular, en sus relaciones con la República Saharaui.
En este sentido, Marruecos no ha cambiado de objetivo; ha cambiado sucesivamente de argumentos. Y en cada etapa ha procurado que terceros países terminaran adaptando posiciones acordes a su intereses. Y no fue precisamente apelando a su libre albedrío, sino mediante el uso de métodos que van desde la desinformación, hasta los más deshonestos y reprobables en las relaciones internacionales.

Primero fue el referéndum.
Algunos gobiernos suspendieron o congelaron sus relaciones diplomáticas con la República Saharaui bajo el argumento de que debían «esperar a la celebración del referéndum». Se presentaba como una posición neutral, pero encerraba una contradicción politica evidente, además de la legal, que niega la autodeterminación: se condicionaba el reconocimiento de un Estado al resultado de un proceso que Marruecos, el Estado ocupante, trabajaba sistemáticamente para impedir.

Después fueron las negociaciones.
Cuando Marruecos comenzó a desmarcarse públicamente del referéndum, el argumento cambió. Ya no se trataba de esperar su celebración, sino de evitar decisiones, decía, «que pudieran prejuzgar o perjudicar el proceso negociador en curso». De esta manera, se indujo a gobiernos a una nueva argucia para mantener suspendidas sus relaciones con la RASD, mientras Marruecos, continuaba vaciando de contenido el mecanismo que debía conducir al ejercicio de la autodeterminación.

Más tarde, sintiéndose impune, llega a presentar su órdago de anexión, bautizado como propuesta de autonomia, como «la solución más pragmática».
Pretendía asi, convertir sus propias exigencias en una especie de fotografía fija de un orden internacional que, paradójicamente, atraviesa una profunda crisis de legitimidad y cuestionamiento: una indecente invitación que aunque finalmente devenida en timo, invitaba a otros a tener que apostar a tiempo, por un supuesto caballo ganador.

A todo esto, otra maniobra de blanqueamiento de la ocupacion, emergia a paso lento por un carril paralelo: animar torpemente a terceros países, a tener que abrir consulados ficticias en las ciudades ocupadas saharauis de El Aaiún y Dajla.
Pocos mordieran el anzuelo, cierto, pero la finalidad era evidente: utilizar la pseudo presencia consular extranjera, como coartada para normalizar la ocupación y presentar como hecho consumado, una soberanía no bendecida por la legalidad internacional. Marruecos pretendía silenciar así al pueblo saharaui y conseguir que otros, ocuparan su lugar, convirtiendo actos políticos de terceros, en instrumento de blanqueamiento a su ocupación militar.

Qué pensarían por ejemplo los gobiernos latinoamericanos, si un tercero invitara a sus países a abrir consulados en las islas Malvinas?. O qué dirían los países del CARICOM, si Francia, les invitara a hacer lo mismo en las colonias de Guadalupe, o Martinica,…o que el ASAEAN, hiciera lo propio en Nueva Caledonia, regiones todas, que aún figuran en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas?…o será que el crimen de colonialismo admite geografías selectivas?.

Pero la estrategia marroquí de torcer la realidad no acabó allí. Fue perfeccionada. Alcanzó otra dimensión con la resolución 2797 del 2025, del Consejo de Seguridad, al insinuar que su propuesta de solución, se situaba en el centro del marco político de solución y que por lo tanto, no había nada más que hablar. Solo una aproximación era válida, aquella que es resultante de una correlación de fuerza bruta, bendecida por algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Pero como ninguna resolución sacada de contexto, por más que se le tuerce en su interpretación, puede transferir una soberanía que no ha sido reconocida, ni sustituir el derecho inalienable de un pueblo a decidir su futuro, la accidentada resolución, por su carácter neo colonial, amen de sus graves consecuencias para la paz y la seguridad en la región, fue abolida por el mismo órgano de las Naciones Unidas, el pasado 30 de octubre. Sepultando eso sí, la trayectoria de 35 años de una MINURSO, que Marruecos había amordazado hasta la asfixia y amortizado con creces, para sus propios fines.

La misión puede desaparecer, su mandato puede ser cuestionado, incluso desmantelado, pero ninguna de esas circunstancias extingue el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia, ni convierte una ocupación ilegal en soberanía legítima.

Durante más de tres décadas, Marruecos ha intentado sustituir sucesivamente el referéndum por la espera, la voluntad democrática por una propuesta unilateral, la descolonización por la invasión militar y, finalmente, el mandato de Naciones Unidas en cobertura para su ilegal ocupación al Sáhara Occidental.

Ante semejante patrón de conducta, los gobiernos latinoamericanos que en algún momento suspendieron o congelaron sus relaciones con la República Saharaui están ante la oportunidad política y ética, de revisar sus posiciones, en la medida que no podrán seguir justificando su inacción con argumentos que Marruecos, ha ido abandonando cada vez que dejaban de servir a sus intereses más espurios.

De persistir en esa conducta, algunos gobiernos corren el riesgo de asociarse políticamente a una velada estrategia de negación de un derecho inalienable, con graves consecuencias para la paz y la estabilidad regionales.

Debido a que precisamente la cuestión saharaui no es un simple diferendo territorial, ni una disputa bilateral entre Marruecos y el Frente POLISARIO, desde su fundación, la Unión Africana ha mantenido a la República Saharaui entre sus Estados miembros. Por ser una cuestión de descolonización, de legalidad internacional y de autodeterminación, la única alternativa para su defensa, sigue consistiendo en salvaguardar la independencia y la soberanía del pueblo de la República saharaui.

América Latina y el Caribe, una región que conoce el precio del colonialismo y ha hecho de la autodeterminación una de sus banderas históricas, no debería permanecer al margen de este nuevo baño de realismo que acaba de producirse en el Consejo de Seguridad, ni mantenerse al margen, del persistente desafío marroquí a las normas internacionales

Los países y pueblos de América Latina y el Caribe deben ayudar a la protección del pueblo saharaui, y a revertir la lógica de impunidad que ha permitido prolongar la ocupación de su pais. Treinta y cinco años de obstáculos marroquíes a una paz justa y a una salida democratica, no pueden terminar premiando a quien ha impedido el ejercicio de un derecho inalienable en la autodterminacion.

Ante esta realidad, restablecer y fortalecer las relaciones diplomáticas con la República Saharaui, es la única respuesta política responsable y jurídicamente coherente, que corresponde. Es también, la contribución más sustantiva a una una paz duradera en la región.

Si la MINURSO hoy desaparece tras 35 años sin haber cumplido su mandato, los gobiernos responsables no deberían dejar un vacío para la impunidad, que termine beneficiando al ocupante y dejando al pueblo saharaui nuevamente, expuesto al desamparo, del que ya fue objeto en 1975 por parte de España.

La retirada de la MINURSO es una negación de la comunidad internacional a no participar en un fraude colonial, sí, pero debería ser acompañada de un mayor compromiso político y diplomático al lado del pueblo saharaui y su Estado, la República Saharaui. Es la única respuesta y mensaje inequívoco que un agresor puede asimilar: la negación del derecho a la autodeterminación no puede convertirse en una coartada para los hechos consumados. Reconocer a la RASD es proteger el ejercicio de ese derecho, no prejuzgarlo.

Mohamed Zrug
Noviembre de 2026

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