Kast retira a Chile del Movimiento de Países No Alineados y lo alinea con la renovada Doctrina Monroe de Donald Trump.Por Esteban Silva Cuadra
Kast retira a Chile del Movimiento de Países No Alineados y lo alinea con la renovada Doctrina Monroe de Donald Trump. Por Esteban Silva Cuadra*
La salida de Chile del Movimiento de Países No Alineados constituye el mayor giro ideológico de la política exterior chilena desde el retorno a la democracia. Más que abandonar un organismo internacional, el gobierno ultraderechista de José Antonio Kast busca reubicar a Chile fuera de América Latina y el Caribe, del Tercer Mundo y del hoy denominado Sur Global para alinearlo con la estrategia geopolítica de la renovada Doctrina Monroe impulsada por Donald Trump.
No constituye una simple redefinición de prioridades diplomáticas ni un cambio administrativo. Representa el mayor giro ideológico de la política exterior chilena desde el retorno a la democracia y busca reubicar a nuestro país fuera de su pertenencia histórica a América Latina y el Caribe, al Tercer Mundo y al hoy denominado Sur Global para alinearlo estratégicamente con el bloque occidental, el complejo militar-industrial y la OTAN, encabezados por Donald Trump y su renovada Doctrina Monroe.
No estamos frente a una decisión administrativa. Estamos ante una definición profundamente ideológica que rompe con una de las tradiciones más relevantes de la política internacional chilena inaugurada por el presidente Salvador Allende y que pretende insertar definitivamente a Chile en la estrategia geopolítica de Estados Unidos, precisamente en momentos en que el mundo experimenta una acelerada transición hacia un escenario multipolar y una creciente disputa entre proyectos antagónicos de organización del sistema internacional.
La justificación entregada por el ministro de Relaciones Exteriores, el empresario Francisco Pérez Mackenna, según la cual el Movimiento de Países No Alineados «ya no responde a la realidad actual», desconoce tanto la historia como las profundas transformaciones del orden mundial. Lo que verdaderamente ya no responde a la realidad del siglo XXI es la pretensión de restaurar una hegemonía unipolar encabezada por Estados Unidos mediante una renovada Doctrina Monroe; la expansión de la OTAN; las guerras comerciales; las sanciones unilaterales; el proteccionismo selectivo y la nueva guerra de aranceles impulsada por Donald Trump. Esa estrategia se expresa también en las amenazas y acciones militares contra diversos países; en los bombardeos contra Irán y los intentos de controlar el estrecho de Ormuz; en las nuevas medidas de agresión contra Cuba; en la política de máxima presión contra la República Bolivariana de Venezuela —que incluye el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y el intento de controlar sus recursos naturales y estratégicos, particularmente el petróleo—; y en el respaldo a políticas de ocupación, colonialismo y genocidio como las que hoy sufren el pueblo palestino en Gaza y el pueblo saharaui en el Sahara Occidental.
La participación del Gobierno de Kast en el denominado «Escudo de las Américas», promovido por Donald Trump, y ahora el retiro del Movimiento de Países No Alineados constituyen dos expresiones de una misma estrategia: convertir la política exterior chilena en un instrumento de alineamiento ideológico con la nueva internacional de la ultraderecha. No existe aquí una política de Estado. Existe una política profundamente partidista y conservadora que pretende insertar a Chile en el eje político representado por Donald Trump, Javier Milei, Benjamín Netanyahu, Daniel Noboa, Keiko Fujimori y otras expresiones contemporáneas del neoliberalismo extremo, el neocolonialismo y el neofascismo internacional.
Pero el retiro del MNOAL representa algo aún más profundo. No rompe solamente con una determinada orientación diplomática. Rompe con una concepción de Chile como nación latinoamericana y caribeña, integrante del Tercer Mundo y del hoy denominado Sur Global, comprometida con la autodeterminación de los pueblos, la cooperación Sur-Sur, el multilateralismo y la construcción de un orden internacional más democrático y justo. Ese es el verdadero significado político de esta decisión.
El legado internacionalista del presidente Salvador Allende
Chile ingresó plenamente al Movimiento de Países No Alineados en septiembre de 1971 por decisión del presidente Salvador Allende y del Gobierno de la Unidad Popular. No fue una decisión determinada únicamente por las circunstancias de la Guerra Fría. Fue la expresión de una concepción profundamente soberana de las relaciones internacionales y de una visión estratégica de Chile como parte inseparable de América Latina y el Caribe, integrante del Tercer Mundo y de los pueblos del hoy denominado Sur Global.
Allende comprendía que Chile no pertenecía al mundo de las potencias dominantes, sino al de las naciones que luchaban por conquistar su plena independencia política, económica y cultural. Por ello, el ingreso al Movimiento de Países No Alineados reafirmaba una política exterior autónoma, latinoamericanista, tercermundista, internacionalista y solidaria con las luchas de liberación nacional, la cooperación Sur-Sur y la construcción de un nuevo orden económico internacional.
Como sostengo en mi libro Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021), para el Gobierno de la Unidad Popular el Movimiento de Países No Alineados representaba la solidaridad con las luchas de liberación de los pueblos frente al colonialismo y la dominación imperialista, la defensa de la autodeterminación, la cooperación entre los pueblos del Sur desde su pluralidad ideológica y la construcción de un orden económico internacional basado en relaciones más justas entre las naciones.
Aquella decisión proyectaba internacionalmente el camino chileno al socialismo impulsado por Salvador Allende y expresaba una convicción estratégica: Chile debía relacionarse con el mundo desde su identidad latinoamericana y desde su pertenencia al conjunto de los pueblos en desarrollo, no desde la subordinación a las grandes potencias.
Esa política exterior hundía sus raíces en una tradición histórica mucho más amplia. En abril de 1955, la Conferencia de Bandung reunió por primera vez a los pueblos de África y Asia que luchaban por liberarse del colonialismo y recuperar su soberanía. Bandung marcó el despertar político del Sur y abrió el proceso que culminaría con la creación del Movimiento de Países No Alineados en Belgrado, en 1961. Bandung afirmó principios que mantienen plena vigencia: la autodeterminación de los pueblos, la igualdad soberana entre los Estados, la no injerencia, la cooperación entre los países en desarrollo y el rechazo al colonialismo, al racismo y a toda forma de dominación imperial. Desde esa experiencia surgirían también la reflexión tercermundista, el impulso de la cooperación Sur-Sur y la reivindicación de un nuevo orden económico internacional capaz de enfrentar las profundas desigualdades entre el Norte industrializado y los países periféricos dependientes.
Como señalé en mi artículo «Cumbre de los No Alineados y Salvador Allende», Bandung constituyó «un momento decisivo para la recuperación de la memoria de los pueblos del Sur y la reconstrucción de su identidad frente al imperialismo occidental».
No es casualidad que Salvador Allende se identificara profundamente con esa tradición. Antes incluso de llegar a la Presidencia, participó en la histórica Conferencia Tricontinental, realizada en La Habana en enero de 1966, y posteriormente en las actividades impulsadas por la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), junto a representantes de los movimientos de liberación de África, Asia, América Latina y el Caribe, reafirmando una visión internacionalista, latinoamericanista, anticolonialista y antiimperialista que posteriormente proyectaría desde el Gobierno de la Unidad Popular.
Durante los mil días del Gobierno Popular, Chile expresó una activa solidaridad con la Revolución Cubana, con el heroico pueblo vietnamita, con la causa palestina, con la lucha por la independencia de Puerto Rico y con los procesos de liberación nacional africanos. La participación de Chile en el Movimiento de Países No Alineados fue, por tanto, la consecuencia natural de una política exterior soberana que entendía que la emancipación de nuestro país estaba inseparablemente unida a la emancipación de los pueblos del Sur.
Esa concepción alcanzó su momento culminante en septiembre de 1973, durante la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados realizada en Argel, pocos días antes del golpe de Estado que interrumpió violentamente el proyecto popular, democrático y transformador encabezado por Salvador Allende.
De Argel a Kast: de la política exterior soberana al alineamiento geopolítico
La IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, realizada en Argel en septiembre de 1973, representó el momento culminante de la política exterior soberana impulsada por el presidente Salvador Allende. Impedido de asistir por la grave crisis política que vivía Chile, Allende designó en su representación al canciller Clodomiro Almeyda Medina, quien el 9 de septiembre de 1973 afirmó ante la Cumbre:
«Una de las tareas principales de los países del Tercer Mundo articulados en el Movimiento de Países No Alineados es luchar por el acceso de los pueblos al desarrollo, obstruido por una injusta estructura económica internacional que favorece a los países capitalistas avanzados y que perjudica a la gran mayoría de la población de la Tierra. Luchar en contra del injusto orden internacional es luchar contra el imperialismo que lo sostiene y que se beneficia de él.»
Aquellas palabras sintetizaban una política internacional fundada en la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la cooperación Sur-Sur y la lucha por un nuevo orden económico internacional. Dos días después se produciría el golpe de Estado. Salvador Allende entregaría su vida defendiendo la democracia y la soberanía popular; Clodomiro Almeyda sería encarcelado; y Argelia rompería inmediatamente relaciones con la dictadura, iniciando una etapa ejemplar de solidaridad con la resistencia democrática chilena.
El golpe militar interrumpió violentamente ese proyecto internacional. Con la dictadura comenzó un proceso de alineamiento con Estados Unidos que, con características diferentes, tendría importantes continuidades durante la transición democrática. La transición recuperó la democracia política, pero no recuperó plenamente la soberanía internacional del Estado chileno.
Como analizo en mi libro Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021), los gobiernos democráticos privilegiaron una inserción internacional basada en la apertura comercial, la atracción de inversiones extranjeras y la negociación de Tratados de Libre Comercio, reduciendo progresivamente la política exterior a una política comercial. Sin embargo, esa política exterior, aun con su marcado sesgo proestadounidense y proeuropeo, nunca abandonó completamente la tradición multilateral heredada de la política internacional impulsada por Salvador Allende. Chile mantuvo su participación en las Naciones Unidas, en el Grupo de los 77 más China y en el Movimiento de Países No Alineados. Incluso en ese contexto de continuidad neoliberal, subsistía la comprensión de que la política exterior no podía reducirse exclusivamente a la lógica comercial y que Chile debía preservar espacios de autonomía multilateral. La decisión del Gobierno de José Antonio Kast rompe incluso con ese último vínculo histórico y constituye una ruptura cualitativa con la tradición diplomática chilena posterior al retorno a la democracia.
Durante más de tres décadas, la élite política presentó los Tratados de Libre Comercio como el principal instrumento del desarrollo nacional. Sin embargo, esos tratados fueron negociados sin una participación democrática efectiva, debilitaron toda estrategia de industrialización nacional, limitaron la capacidad regulatoria del Estado, fortalecieron los mecanismos de protección de las inversiones extranjeras y consolidaron un patrón de especialización primario-exportador basado en la explotación intensiva de nuestros recursos naturales y estratégicos. Como señalara el exembajador de Chile en Argelia, Ariel Ulloa, la Cancillería terminó confundiendo la política exterior con la política comercial. Chile miró preferentemente hacia Estados Unidos y la Unión Europea, mientras África, el mundo árabe y buena parte de Asia permanecían prácticamente ausentes de sus prioridades, salvo por la creciente importancia adquirida por China como socio comercial e inversionista.
La participación del Gobierno de Kast en el denominado «Escudo de las Américas», promovido por Donald Trump; su complacencia frente a la guerra de aranceles impulsada por Washington; y ahora el retiro de Chile del Movimiento de Países No Alineados representan un salto cualitativo: la política exterior deja de ser simplemente prooccidental para transformarse en una política de alineamiento ideológico con la estrategia geopolítica de Estados Unidos, la OTAN y la nueva internacional de la ultraderecha.
No se trata únicamente de abandonar un organismo internacional. Se trata de sustituir una concepción soberana, latinoamericanista, tercermundista e internacionalista de la política exterior chilena —que, aunque progresivamente debilitada desde la transición, nunca había sido completamente desmantelada— por una política de subordinación geopolítica que pretende convertir a Chile en un aliado incondicional de la estrategia hemisférica impulsada por Donald Trump y la renovada Doctrina Monroe.
Recuperar una política exterior soberana para Chile
Quienes sostienen que el Movimiento de Países No Alineados pertenece al pasado desconocen las profundas transformaciones que vive el sistema internacional. Lejos de haber perdido vigencia, el MNOAL continúa siendo uno de los principales espacios políticos del Sur Global para defender el multilateralismo, el derecho internacional, la autodeterminación de los pueblos, la cooperación Sur-Sur y la construcción de un orden mundial multipolar, más democrático y más justo.
Con motivo del 60.º aniversario del Movimiento, celebrado en Belgrado en octubre de 2021, señalé que sus principios mantenían plena actualidad frente a las nuevas formas de dominación económica, tecnológica, financiera y militar. En aquella oportunidad, destaqué que los países miembros reafirmaron su compromiso con el multilateralismo, la Carta de las Naciones Unidas, la autodeterminación de los pueblos y la cooperación Sur-Sur; ratificaron su solidaridad con las luchas del pueblo palestino, del pueblo saharaui y de Puerto Rico; exigieron el fin del bloqueo contra Cuba y de las sanciones unilaterales contra diversos países del Sur; y renovaron su compromiso con la construcción de un nuevo orden económico internacional basado en un comercio más justo, la soberanía alimentaria, la cooperación tecnológica y el respeto irrestricto al derecho internacional.
Lejos de haber perdido actualidad, esas definiciones adquieren hoy una vigencia aún mayor. La crisis del sistema de Naciones Unidas, el genocidio contra el pueblo palestino, la persistencia del colonialismo en el Sahara Occidental, la ocupación colonial de Puerto Rico, las guerras comerciales, el resurgimiento del proteccionismo, la militarización creciente y la disputa por el control de los recursos naturales estratégicos demuestran que las banderas históricas de Bandung y del Movimiento de Países No Alineados mantienen plena vigencia.
El retiro de Chile del MNOAL contradice también los ejes de acción de una política de relaciones internacionales democrática y soberana que hemos venido proponiendo durante los últimos años. Como sostuvimos en «Una nueva política exterior para un Chile en transformación», nuestro país necesita recuperar una política internacional fundada en cuatro grandes pilares: el retorno al multilateralismo; la defensa integral de los derechos humanos; una nueva política comercial que supere el paradigma de los Tratados de Libre Comercio como eje casi exclusivo de la inserción internacional; y la integración de América Latina y el Caribe como prioridad estratégica permanente del Estado chileno.
Ello supone fortalecer las Naciones Unidas impulsando una profunda reforma democrática de su Consejo de Seguridad; recuperar una participación activa en el Grupo de los 77 más China y en el Movimiento de Países No Alineados; promover la responsabilidad internacional de las empresas transnacionales en materia de derechos humanos; defender la soberanía permanente de los pueblos sobre sus recursos naturales; avanzar hacia una política comercial basada en la cooperación, la industrialización, la complementariedad productiva, la soberanía tecnológica y el beneficio mutuo; y convertir la integración latinoamericana y caribeña en un objetivo estratégico permanente de la política exterior chilena.
En el fondo, este no es un debate sobre la permanencia o no de Chile en un organismo internacional. Es una disputa sobre qué país queremos ser y desde dónde queremos relacionarnos con el mundo.
Salvador Allende concibió a Chile como una nación inseparable de América Latina y el Caribe, integrante del Tercer Mundo y de los pueblos que luchaban por su emancipación, su soberanía y la construcción de un nuevo orden internacional. José Antonio Kast pretende exactamente lo contrario: reubicar a Chile fuera de su pertenencia histórica a América Latina y el Caribe y al Sur Global para convertirlo en un aliado subordinado del bloque occidental encabezado por Donald Trump, la OTAN y la renovada Doctrina Monroe.
Esa es la verdadera dimensión histórica de esta decisión. No se trata únicamente de salir del Movimiento de Países No Alineados. Se trata de abandonar una concepción soberana, latinoamericanista, tercermundista e internacionalista de la política exterior chilena —que, aunque progresivamente debilitada desde la transición, nunca había sido completamente desmantelada— para sustituirla por una política de alineamiento ideológico, subordinación geopolítica y dependencia frente a los intereses estratégicos de Estados Unidos, de las grandes potencias occidentales y de las corporaciones transnacionales.
Frente a esta deriva, la tarea de las fuerzas democráticas, populares, latinoamericanistas, progresistas y allendistas consiste en recuperar una política exterior soberana para Chile. Una política que vuelva a situar a nuestro país como parte inseparable de América Latina y el Caribe y del Sur Global; que fortalezca la CELAC, el Grupo de los 77 más China y el Movimiento de Países No Alineados; que impulse la cooperación Sur-Sur, la integración regional y la construcción de un nuevo orden económico internacional; que defienda, sin dobles estándares, el derecho internacional, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias; y que coloque en el centro la soberanía económica, productiva, tecnológica, alimentaria, energética, institucional y cultural de Chile.
Recuperar esa política exterior soberana constituye también una tarea indispensable para reconstruir un amplio proyecto democrático, popular, latinoamericanista y transformador, capaz de devolver a Chile una voz propia en el escenario internacional, superando la subordinación geopolítica, el aislamiento regional y el alineamiento ideológico que hoy pretende imponer el Gobierno de José Antonio Kast.
Porque la soberanía de Chile también se juega en la libertad con que decidimos el lugar que nuestro país ocupa en el mundo. Ese lugar no está junto a quienes pretenden restaurar la Doctrina Monroe, sino junto a América Latina y el Caribe, al Sur Global y a todos los pueblos que luchan por su independencia, su dignidad y un nuevo orden internacional basado en la justicia, la paz, la cooperación y la igualdad soberana entre las naciones. Ese fue el camino que abrió Salvador Allende. Ese es el camino que el pueblo chileno deberá volver a recorrer para recuperar plenamente su soberanía nacional, latinoamericana e internacional.
5 de agosto de 2026
Notas
1. Esteban Silva Cuadra, Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021). Ediciones Radio Universidad de Chile, Santiago, 2021. Véanse especialmente los capítulos «Argelia y Chile en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL)» y «Transición y contexto global de la política de reinserción internacional de Chile».
2. Esteban Silva Cuadra, Reflexiones Allendistas desde Nuestra América y el Sur. Prólogo de Alberto Mayol. Instituto Latinoamericano de Altos Estudios Sociales (ILAES), Lima, 2013.
3. Clodomiro Almeyda Medina, Discurso pronunciado en representación del presidente Salvador Allende ante la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, Argel, 9 de septiembre de 1973.
4. Esteban Silva Cuadra, «Cumbre de los No Alineados y Salvador Allende», Radio Universidad de Chile, 21 de septiembre de 2016.
5. Esteban Silva Cuadra, «MNOAL: ¿Qué queda hoy de la esencia de los No Alineados?», El Ciudadano, septiembre de 2016.
6. Esteban Silva Cuadra, Introducción a «Una nueva política exterior para un Chile en transformación. Aportes para una política internacional de un posible Gobierno refundacional en Chile», Revista De Frente, 25 de julio de 2021.
7. Esteban Silva Cuadra, Reflexión con motivo del 60.º aniversario del Movimiento de Países No Alineados, Santiago, octubre de 2021.
8. Samir Amin, L’Éveil du Sud. L’Ère de Bandung 1955-1980. Éditions APIC, Argel, 2013.
9. Jean Ziegler, Contre l’ordre du monde. Les rebelles. Éditions du Seuil, París, 1983.
10. Salvador Allende Gossens, Mensaje Presidencial al Congreso Nacional, 21 de mayo de 1971.
11. Declaración Final de la Reunión Conmemorativa del 60.º Aniversario del Movimiento de Países No Alineados, Belgrado, 11 y 12 de octubre de 2021.
Sobre el autor
*Esteban Silva Cuadra es cientista social y analista internacional. Presidente de la Fundación Constituyente XXI; coordinador nacional del Movimiento del Socialismo Allendista de Chile; coordinador de la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC; presidente de la Asociación Chilena de Amigos de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); y miembro del Buró Ejecutivo de la Asociación Internacional de Amigos de la Revolución Argelina (AIARA). Es autor, entre otros libros, de Reflexiones Allendistas desde Nuestra América y el Sur (Instituto Latinoamericano de Altos Estudios Sociales, Lima, 2013) y Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021) (Ediciones Radio Universidad de Chile, Santiago, 2021).
La salida de Chile del Movimiento de Países No Alineados constituye el mayor giro ideológico de la política exterior chilena desde el retorno a la democracia. Más que abandonar un organismo internacional, el gobierno ultraderechista de José Antonio Kast busca reubicar a Chile fuera de América Latina y el Caribe, del Tercer Mundo y del hoy denominado Sur Global para alinearlo con la estrategia geopolítica de la renovada Doctrina Monroe impulsada por Donald Trump.
No constituye una simple redefinición de prioridades diplomáticas ni un cambio administrativo. Representa el mayor giro ideológico de la política exterior chilena desde el retorno a la democracia y busca reubicar a nuestro país fuera de su pertenencia histórica a América Latina y el Caribe, al Tercer Mundo y al hoy denominado Sur Global para alinearlo estratégicamente con el bloque occidental, el complejo militar-industrial y la OTAN, encabezados por Donald Trump y su renovada Doctrina Monroe.
No estamos frente a una decisión administrativa. Estamos ante una definición profundamente ideológica que rompe con una de las tradiciones más relevantes de la política internacional chilena inaugurada por el presidente Salvador Allende y que pretende insertar definitivamente a Chile en la estrategia geopolítica de Estados Unidos, precisamente en momentos en que el mundo experimenta una acelerada transición hacia un escenario multipolar y una creciente disputa entre proyectos antagónicos de organización del sistema internacional.
La justificación entregada por el ministro de Relaciones Exteriores, el empresario Francisco Pérez Mackenna, según la cual el Movimiento de Países No Alineados «ya no responde a la realidad actual», desconoce tanto la historia como las profundas transformaciones del orden mundial. Lo que verdaderamente ya no responde a la realidad del siglo XXI es la pretensión de restaurar una hegemonía unipolar encabezada por Estados Unidos mediante una renovada Doctrina Monroe; la expansión de la OTAN; las guerras comerciales; las sanciones unilaterales; el proteccionismo selectivo y la nueva guerra de aranceles impulsada por Donald Trump. Esa estrategia se expresa también en las amenazas y acciones militares contra diversos países; en los bombardeos contra Irán y los intentos de controlar el estrecho de Ormuz; en las nuevas medidas de agresión contra Cuba; en la política de máxima presión contra la República Bolivariana de Venezuela —que incluye el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y el intento de controlar sus recursos naturales y estratégicos, particularmente el petróleo—; y en el respaldo a políticas de ocupación, colonialismo y genocidio como las que hoy sufren el pueblo palestino en Gaza y el pueblo saharaui en el Sahara Occidental.
La participación del Gobierno de Kast en el denominado «Escudo de las Américas», promovido por Donald Trump, y ahora el retiro del Movimiento de Países No Alineados constituyen dos expresiones de una misma estrategia: convertir la política exterior chilena en un instrumento de alineamiento ideológico con la nueva internacional de la ultraderecha. No existe aquí una política de Estado. Existe una política profundamente partidista y conservadora que pretende insertar a Chile en el eje político representado por Donald Trump, Javier Milei, Benjamín Netanyahu, Daniel Noboa, Keiko Fujimori y otras expresiones contemporáneas del neoliberalismo extremo, el neocolonialismo y el neofascismo internacional.
Pero el retiro del MNOAL representa algo aún más profundo. No rompe solamente con una determinada orientación diplomática. Rompe con una concepción de Chile como nación latinoamericana y caribeña, integrante del Tercer Mundo y del hoy denominado Sur Global, comprometida con la autodeterminación de los pueblos, la cooperación Sur-Sur, el multilateralismo y la construcción de un orden internacional más democrático y justo. Ese es el verdadero significado político de esta decisión.
El legado internacionalista del presidente Salvador Allende
Chile ingresó plenamente al Movimiento de Países No Alineados en septiembre de 1971 por decisión del presidente Salvador Allende y del Gobierno de la Unidad Popular. No fue una decisión determinada únicamente por las circunstancias de la Guerra Fría. Fue la expresión de una concepción profundamente soberana de las relaciones internacionales y de una visión estratégica de Chile como parte inseparable de América Latina y el Caribe, integrante del Tercer Mundo y de los pueblos del hoy denominado Sur Global.
Allende comprendía que Chile no pertenecía al mundo de las potencias dominantes, sino al de las naciones que luchaban por conquistar su plena independencia política, económica y cultural. Por ello, el ingreso al Movimiento de Países No Alineados reafirmaba una política exterior autónoma, latinoamericanista, tercermundista, internacionalista y solidaria con las luchas de liberación nacional, la cooperación Sur-Sur y la construcción de un nuevo orden económico internacional.
Como sostengo en mi libro Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021), para el Gobierno de la Unidad Popular el Movimiento de Países No Alineados representaba la solidaridad con las luchas de liberación de los pueblos frente al colonialismo y la dominación imperialista, la defensa de la autodeterminación, la cooperación entre los pueblos del Sur desde su pluralidad ideológica y la construcción de un orden económico internacional basado en relaciones más justas entre las naciones.
Aquella decisión proyectaba internacionalmente el camino chileno al socialismo impulsado por Salvador Allende y expresaba una convicción estratégica: Chile debía relacionarse con el mundo desde su identidad latinoamericana y desde su pertenencia al conjunto de los pueblos en desarrollo, no desde la subordinación a las grandes potencias.
Esa política exterior hundía sus raíces en una tradición histórica mucho más amplia. En abril de 1955, la Conferencia de Bandung reunió por primera vez a los pueblos de África y Asia que luchaban por liberarse del colonialismo y recuperar su soberanía. Bandung marcó el despertar político del Sur y abrió el proceso que culminaría con la creación del Movimiento de Países No Alineados en Belgrado, en 1961. Bandung afirmó principios que mantienen plena vigencia: la autodeterminación de los pueblos, la igualdad soberana entre los Estados, la no injerencia, la cooperación entre los países en desarrollo y el rechazo al colonialismo, al racismo y a toda forma de dominación imperial. Desde esa experiencia surgirían también la reflexión tercermundista, el impulso de la cooperación Sur-Sur y la reivindicación de un nuevo orden económico internacional capaz de enfrentar las profundas desigualdades entre el Norte industrializado y los países periféricos dependientes.
Como señalé en mi artículo «Cumbre de los No Alineados y Salvador Allende», Bandung constituyó «un momento decisivo para la recuperación de la memoria de los pueblos del Sur y la reconstrucción de su identidad frente al imperialismo occidental».
No es casualidad que Salvador Allende se identificara profundamente con esa tradición. Antes incluso de llegar a la Presidencia, participó en la histórica Conferencia Tricontinental, realizada en La Habana en enero de 1966, y posteriormente en las actividades impulsadas por la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), junto a representantes de los movimientos de liberación de África, Asia, América Latina y el Caribe, reafirmando una visión internacionalista, latinoamericanista, anticolonialista y antiimperialista que posteriormente proyectaría desde el Gobierno de la Unidad Popular.
Durante los mil días del Gobierno Popular, Chile expresó una activa solidaridad con la Revolución Cubana, con el heroico pueblo vietnamita, con la causa palestina, con la lucha por la independencia de Puerto Rico y con los procesos de liberación nacional africanos. La participación de Chile en el Movimiento de Países No Alineados fue, por tanto, la consecuencia natural de una política exterior soberana que entendía que la emancipación de nuestro país estaba inseparablemente unida a la emancipación de los pueblos del Sur.
Esa concepción alcanzó su momento culminante en septiembre de 1973, durante la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados realizada en Argel, pocos días antes del golpe de Estado que interrumpió violentamente el proyecto popular, democrático y transformador encabezado por Salvador Allende.
De Argel a Kast: de la política exterior soberana al alineamiento geopolítico
La IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, realizada en Argel en septiembre de 1973, representó el momento culminante de la política exterior soberana impulsada por el presidente Salvador Allende. Impedido de asistir por la grave crisis política que vivía Chile, Allende designó en su representación al canciller Clodomiro Almeyda Medina, quien el 9 de septiembre de 1973 afirmó ante la Cumbre:
«Una de las tareas principales de los países del Tercer Mundo articulados en el Movimiento de Países No Alineados es luchar por el acceso de los pueblos al desarrollo, obstruido por una injusta estructura económica internacional que favorece a los países capitalistas avanzados y que perjudica a la gran mayoría de la población de la Tierra. Luchar en contra del injusto orden internacional es luchar contra el imperialismo que lo sostiene y que se beneficia de él.»
Aquellas palabras sintetizaban una política internacional fundada en la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, la cooperación Sur-Sur y la lucha por un nuevo orden económico internacional. Dos días después se produciría el golpe de Estado. Salvador Allende entregaría su vida defendiendo la democracia y la soberanía popular; Clodomiro Almeyda sería encarcelado; y Argelia rompería inmediatamente relaciones con la dictadura, iniciando una etapa ejemplar de solidaridad con la resistencia democrática chilena.
El golpe militar interrumpió violentamente ese proyecto internacional. Con la dictadura comenzó un proceso de alineamiento con Estados Unidos que, con características diferentes, tendría importantes continuidades durante la transición democrática. La transición recuperó la democracia política, pero no recuperó plenamente la soberanía internacional del Estado chileno.
Como analizo en mi libro Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021), los gobiernos democráticos privilegiaron una inserción internacional basada en la apertura comercial, la atracción de inversiones extranjeras y la negociación de Tratados de Libre Comercio, reduciendo progresivamente la política exterior a una política comercial. Sin embargo, esa política exterior, aun con su marcado sesgo proestadounidense y proeuropeo, nunca abandonó completamente la tradición multilateral heredada de la política internacional impulsada por Salvador Allende. Chile mantuvo su participación en las Naciones Unidas, en el Grupo de los 77 más China y en el Movimiento de Países No Alineados. Incluso en ese contexto de continuidad neoliberal, subsistía la comprensión de que la política exterior no podía reducirse exclusivamente a la lógica comercial y que Chile debía preservar espacios de autonomía multilateral. La decisión del Gobierno de José Antonio Kast rompe incluso con ese último vínculo histórico y constituye una ruptura cualitativa con la tradición diplomática chilena posterior al retorno a la democracia.
Durante más de tres décadas, la élite política presentó los Tratados de Libre Comercio como el principal instrumento del desarrollo nacional. Sin embargo, esos tratados fueron negociados sin una participación democrática efectiva, debilitaron toda estrategia de industrialización nacional, limitaron la capacidad regulatoria del Estado, fortalecieron los mecanismos de protección de las inversiones extranjeras y consolidaron un patrón de especialización primario-exportador basado en la explotación intensiva de nuestros recursos naturales y estratégicos. Como señalara el exembajador de Chile en Argelia, Ariel Ulloa, la Cancillería terminó confundiendo la política exterior con la política comercial. Chile miró preferentemente hacia Estados Unidos y la Unión Europea, mientras África, el mundo árabe y buena parte de Asia permanecían prácticamente ausentes de sus prioridades, salvo por la creciente importancia adquirida por China como socio comercial e inversionista.
La participación del Gobierno de Kast en el denominado «Escudo de las Américas», promovido por Donald Trump; su complacencia frente a la guerra de aranceles impulsada por Washington; y ahora el retiro de Chile del Movimiento de Países No Alineados representan un salto cualitativo: la política exterior deja de ser simplemente prooccidental para transformarse en una política de alineamiento ideológico con la estrategia geopolítica de Estados Unidos, la OTAN y la nueva internacional de la ultraderecha.
No se trata únicamente de abandonar un organismo internacional. Se trata de sustituir una concepción soberana, latinoamericanista, tercermundista e internacionalista de la política exterior chilena —que, aunque progresivamente debilitada desde la transición, nunca había sido completamente desmantelada— por una política de subordinación geopolítica que pretende convertir a Chile en un aliado incondicional de la estrategia hemisférica impulsada por Donald Trump y la renovada Doctrina Monroe.
Recuperar una política exterior soberana para Chile
Quienes sostienen que el Movimiento de Países No Alineados pertenece al pasado desconocen las profundas transformaciones que vive el sistema internacional. Lejos de haber perdido vigencia, el MNOAL continúa siendo uno de los principales espacios políticos del Sur Global para defender el multilateralismo, el derecho internacional, la autodeterminación de los pueblos, la cooperación Sur-Sur y la construcción de un orden mundial multipolar, más democrático y más justo.
Con motivo del 60.º aniversario del Movimiento, celebrado en Belgrado en octubre de 2021, señalé que sus principios mantenían plena actualidad frente a las nuevas formas de dominación económica, tecnológica, financiera y militar. En aquella oportunidad, destaqué que los países miembros reafirmaron su compromiso con el multilateralismo, la Carta de las Naciones Unidas, la autodeterminación de los pueblos y la cooperación Sur-Sur; ratificaron su solidaridad con las luchas del pueblo palestino, del pueblo saharaui y de Puerto Rico; exigieron el fin del bloqueo contra Cuba y de las sanciones unilaterales contra diversos países del Sur; y renovaron su compromiso con la construcción de un nuevo orden económico internacional basado en un comercio más justo, la soberanía alimentaria, la cooperación tecnológica y el respeto irrestricto al derecho internacional.
Lejos de haber perdido actualidad, esas definiciones adquieren hoy una vigencia aún mayor. La crisis del sistema de Naciones Unidas, el genocidio contra el pueblo palestino, la persistencia del colonialismo en el Sahara Occidental, la ocupación colonial de Puerto Rico, las guerras comerciales, el resurgimiento del proteccionismo, la militarización creciente y la disputa por el control de los recursos naturales estratégicos demuestran que las banderas históricas de Bandung y del Movimiento de Países No Alineados mantienen plena vigencia.
El retiro de Chile del MNOAL contradice también los ejes de acción de una política de relaciones internacionales democrática y soberana que hemos venido proponiendo durante los últimos años. Como sostuvimos en «Una nueva política exterior para un Chile en transformación», nuestro país necesita recuperar una política internacional fundada en cuatro grandes pilares: el retorno al multilateralismo; la defensa integral de los derechos humanos; una nueva política comercial que supere el paradigma de los Tratados de Libre Comercio como eje casi exclusivo de la inserción internacional; y la integración de América Latina y el Caribe como prioridad estratégica permanente del Estado chileno.
Ello supone fortalecer las Naciones Unidas impulsando una profunda reforma democrática de su Consejo de Seguridad; recuperar una participación activa en el Grupo de los 77 más China y en el Movimiento de Países No Alineados; promover la responsabilidad internacional de las empresas transnacionales en materia de derechos humanos; defender la soberanía permanente de los pueblos sobre sus recursos naturales; avanzar hacia una política comercial basada en la cooperación, la industrialización, la complementariedad productiva, la soberanía tecnológica y el beneficio mutuo; y convertir la integración latinoamericana y caribeña en un objetivo estratégico permanente de la política exterior chilena.
En el fondo, este no es un debate sobre la permanencia o no de Chile en un organismo internacional. Es una disputa sobre qué país queremos ser y desde dónde queremos relacionarnos con el mundo.
Salvador Allende concibió a Chile como una nación inseparable de América Latina y el Caribe, integrante del Tercer Mundo y de los pueblos que luchaban por su emancipación, su soberanía y la construcción de un nuevo orden internacional. José Antonio Kast pretende exactamente lo contrario: reubicar a Chile fuera de su pertenencia histórica a América Latina y el Caribe y al Sur Global para convertirlo en un aliado subordinado del bloque occidental encabezado por Donald Trump, la OTAN y la renovada Doctrina Monroe.
Esa es la verdadera dimensión histórica de esta decisión. No se trata únicamente de salir del Movimiento de Países No Alineados. Se trata de abandonar una concepción soberana, latinoamericanista, tercermundista e internacionalista de la política exterior chilena —que, aunque progresivamente debilitada desde la transición, nunca había sido completamente desmantelada— para sustituirla por una política de alineamiento ideológico, subordinación geopolítica y dependencia frente a los intereses estratégicos de Estados Unidos, de las grandes potencias occidentales y de las corporaciones transnacionales.
Frente a esta deriva, la tarea de las fuerzas democráticas, populares, latinoamericanistas, progresistas y allendistas consiste en recuperar una política exterior soberana para Chile. Una política que vuelva a situar a nuestro país como parte inseparable de América Latina y el Caribe y del Sur Global; que fortalezca la CELAC, el Grupo de los 77 más China y el Movimiento de Países No Alineados; que impulse la cooperación Sur-Sur, la integración regional y la construcción de un nuevo orden económico internacional; que defienda, sin dobles estándares, el derecho internacional, la autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias; y que coloque en el centro la soberanía económica, productiva, tecnológica, alimentaria, energética, institucional y cultural de Chile.
Recuperar esa política exterior soberana constituye también una tarea indispensable para reconstruir un amplio proyecto democrático, popular, latinoamericanista y transformador, capaz de devolver a Chile una voz propia en el escenario internacional, superando la subordinación geopolítica, el aislamiento regional y el alineamiento ideológico que hoy pretende imponer el Gobierno de José Antonio Kast.
Porque la soberanía de Chile también se juega en la libertad con que decidimos el lugar que nuestro país ocupa en el mundo. Ese lugar no está junto a quienes pretenden restaurar la Doctrina Monroe, sino junto a América Latina y el Caribe, al Sur Global y a todos los pueblos que luchan por su independencia, su dignidad y un nuevo orden internacional basado en la justicia, la paz, la cooperación y la igualdad soberana entre las naciones. Ese fue el camino que abrió Salvador Allende. Ese es el camino que el pueblo chileno deberá volver a recorrer para recuperar plenamente su soberanía nacional, latinoamericana e internacional.
5 de agosto de 2026
Notas
1. Esteban Silva Cuadra, Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021). Ediciones Radio Universidad de Chile, Santiago, 2021. Véanse especialmente los capítulos «Argelia y Chile en el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL)» y «Transición y contexto global de la política de reinserción internacional de Chile».
2. Esteban Silva Cuadra, Reflexiones Allendistas desde Nuestra América y el Sur. Prólogo de Alberto Mayol. Instituto Latinoamericano de Altos Estudios Sociales (ILAES), Lima, 2013.
3. Clodomiro Almeyda Medina, Discurso pronunciado en representación del presidente Salvador Allende ante la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, Argel, 9 de septiembre de 1973.
4. Esteban Silva Cuadra, «Cumbre de los No Alineados y Salvador Allende», Radio Universidad de Chile, 21 de septiembre de 2016.
5. Esteban Silva Cuadra, «MNOAL: ¿Qué queda hoy de la esencia de los No Alineados?», El Ciudadano, septiembre de 2016.
6. Esteban Silva Cuadra, Introducción a «Una nueva política exterior para un Chile en transformación. Aportes para una política internacional de un posible Gobierno refundacional en Chile», Revista De Frente, 25 de julio de 2021.
7. Esteban Silva Cuadra, Reflexión con motivo del 60.º aniversario del Movimiento de Países No Alineados, Santiago, octubre de 2021.
8. Samir Amin, L’Éveil du Sud. L’Ère de Bandung 1955-1980. Éditions APIC, Argel, 2013.
9. Jean Ziegler, Contre l’ordre du monde. Les rebelles. Éditions du Seuil, París, 1983.
10. Salvador Allende Gossens, Mensaje Presidencial al Congreso Nacional, 21 de mayo de 1971.
11. Declaración Final de la Reunión Conmemorativa del 60.º Aniversario del Movimiento de Países No Alineados, Belgrado, 11 y 12 de octubre de 2021.
Sobre el autor
*Esteban Silva Cuadra es cientista social y analista internacional. Presidente de la Fundación Constituyente XXI; coordinador nacional del Movimiento del Socialismo Allendista de Chile; coordinador de la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC; presidente de la Asociación Chilena de Amigos de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); y miembro del Buró Ejecutivo de la Asociación Internacional de Amigos de la Revolución Argelina (AIARA). Es autor, entre otros libros, de Reflexiones Allendistas desde Nuestra América y el Sur (Instituto Latinoamericano de Altos Estudios Sociales, Lima, 2013) y Chile–Argelia. Una historia de mutua solidaridad que resistió el paso del tiempo (1954-2021) (Ediciones Radio Universidad de Chile, Santiago, 2021).